martes noviembre 24 de 2020

El Carnaval de Negros y Blancos 2020: convirtió las calles en un teatro lúdico y cultural

Por Carlos Villota Santacruz

Twitter @villocol

Pasto, 06 de enero_ RAM_ Cuando las comparsas, murgas y carrozas iniciaron su recorrido por la senda del Carnaval, de un poco más de 7 kilómetros, que atraviesa la ciudad de Pasto; capital del departamento de Nariño, elevó a la calle en un teatro lúdico y cultural en medio intenso sol, alegría, serpentina, carioca y la alegría de residentes y turistas, ente ellos ciudadanos del mundo de cinco continentes.

La fiesta popular que fue declarada por la Unesco, como Patrimonio de la Humanidad, en el año 2009 en Abu Dabi, gracias a la construcción de comunidad, arte efímero y juego, tiene un puente generacional entre niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad, en un escenario de calor humano, con capacidad de trascender en el tiempo, gracias a la imponencia del arte del cultor nariñense.

“Es la primera vez que visitó a la ciudad de Pasto. Todo es magia, todo es alegría”, dijo Marco Tardelli un italiano que se desplazó desde Europa con su familia para contagiarse de las raíces culturales andinas de América Latina, que en el caso del sur de Colombia, tiene un mensaje de defensa de la tradición popular, el medio ambiente y la vida.

En medio de majestuosidad y colores de la vestimenta de los danzantes a pie y en monumentales carrozas, el Carnaval, es en esencia una investigación antropológica que en medio de la globalización en la que está inmerso el mundo, es un mensaje a proteger la cultura local, más allá de las nuevas tecnologías (twitter, Facebook, instagram y youtube),  para darle a la calle un protagonismo, que supera toda imaginación.

Cuando en el planeta, se abren espacios de orden presidencial y diplomático, el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto colocó en la agenda pública, la defensa del río Guaitara, como un regalo de la naturaleza a la vida en comunidad. Los habitantes y turistas se sorprendieron cada vez más por la investigación y creatividad artísticas, que se convierten en una estampa histórica, abriendo la tercera década del siglo XXI.

El Alcalde de Pasto Germán Chamorro, quién tomó posesión del cargo el 1 de 2020, dijo que la fiesta popular muestra el valor de la tierra, el aire y el fuego en medio de un alegría que se extendió por toda la ciudad. “En esta versión del Carnaval, carrozas y comparsas colocaron en escena la defensa del Amazonas como riqueza natural y ecológica para Colombia y el mundo”, señaló.

Disfrutar de la fiesta popular desde la senda del Carnaval, trasciende los sentidos y el corazón de sus protagonistas. “Se respira arte, cultura. Es una fiesta de colores. El grito fue unánime. Viva Pasto Carajo”, manifestaron los ciudadanos del país ”cafetero”, dándole la bienvenida a los turistas de Finlandia, Alemania, Argentina, España, Ecuador, México, Panamá, Estados Unidos, Perú, Chile, Australia e Italia entre toros.

Admirar la cultura nariñense, a través de Lorena Rosero,  una niña de 8 años se evidencia el impacto cultural de las carrozas en las nuevas generaciones, cuya puesta en escena hizo que el Carnaval llegará a su punto más alto de alegría.  Un idioma social que rompió fronteras, para quedarse en la historia del primer Carnaval de Negros y Blancos, de la tercera década del siglo XXI.

Los cultores y artistas de  Pasto, se convirtieron en uno, a la hora de ingresar a la Senda, que se extiende desde en cercanías del estadio “La Libertad” hasta “La Avenida de los Estudiantes”, donde no existe clases sociales por los días de la fiesta popular. (2 al 7 de enero) Todos, absolutamente todos, entran en el juego de la pinta negra, de la pinta blanca, en medios de  canciones del patrimonio musical de una tierra fronteriza.

En palabras del Embajador de Colombia en Ecuador Manuel Enríquez Rosero “El Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, rinde cada año un homenaje a una tradición ancestral, que abraza la cultura en todas sus manifestaciones. Donde la calle se convierte en un puente lúdico, que  para el cultor nariñense es una pasión”.

Esta lectura del diplomático, cobra fuerza a través de la investigación de la cátedra Carnaval de la Universidad de Nariño, que evidencia que “la locura nunca se termina, Una locura focalizada por el amor por el territorio desde la naturaleza”. Es así cuando los artistas toman experiencia de sus abuelos y padres para participar en la fiesta popular, Es toda una escuela lúdica e intergeneracional.

Ese es el trabajo de un artesano. Una labor que se realiza 6 meses antes, con todo un proceso de investigación y protocolo cultural, que en una línea de acción le da visibilidad a la pachamama, un saber milenario, que hoy hace parte del vocabulario de los niños, de las niñas y jóvenes, que poco a poco se apropian de la tradición.

El Carnaval es un pasaporte a la alegría. En esta fiesta popular que le da “luz verde” a la imaginación. Es decir, desde la ciudad de Pasto, se añora el pasado y se fortalece el presente con valores, principios que inspiraron la fiesta popular, que para quienes lo vivieron en las calles, quisieran que jamás termine. La razón. Porque no se necesita ir tan lejos, para conocer que es la Colombia del “realismo mágico”. La  misma que escribió Gabriel García Márquez en su monumental obra literaria, que le valió el premio Nobel.

La mujer también fue homenajeada en el Carnaval de 2020. En ella descansa su nacimiento, desarrollo y consolidación. Es a fuente de la vida y del amor. De la integración familiar, representada en “la Ñapanga”, la mujer nariñense que trabaja la tierra. Cuando laboran en el campo y están pendientes de sus hijos.

Fue así que desde esta parte del país, nació el respeto. La equidad. La labor del trabajo en equipo entre la mujer y el hombre para sacar adelante a la familia. Este núcleo de la sociedad fue lo que se robó los aplausos a lo largo de la Senda, testigo “en silencio” del arte y magia del cultor nariñense. Fue muy bien recibido su ate efímero. Que se extenderá donde vayan, sea en Colombia o el exterior.

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