miércoles agosto 12 de 2020

Aeropalestina desenchuspado

 Por Augusto León Restrepo 

Bogotá, 04 de julio_ RAM_ Así de entrada y con todas sus vocales, tengo que dejar constancia de que no soy enemigo del progreso ni del desarrollo de Caldas ni de Manizales. Y ustedes se preguntarán que por qué este arranque tan brusco, tan rudo, tan hosco si se quiere, para iniciar mi columna periodística semanal en Eje 21. Es que me ha pasado que cuando he expresado algunos puntos de vista contrarios a los de ciertos dómines de la política, de la administración, del sector privado, estos han abierto sus bodegas y a través de sus voceros, en público, pero más en privado, me han espetado adjetivos de toda índole, que concluyen en señalarme como anti caldense, como anti manizaleño, como bogoteño.

Pero quizás el garrote ha sido más duro, cuando he osado exponer argumentos de sentido común, de pragmatismo, de eco de lo que escucho en conversaciones de café, en tertuliaderos, cuestionadores del tema de la construcción del Aeropuerto del Café, del Aeropuerto de Palestina, o del Aeropuerto Regional del Eje Cafetero, que con esta última nomenclatura es como aparece en los documentos oficiales, la más relevante distopía en nuestro devenir provinciano Y también cuando he recordado intervenciones aterrizadas de funcionarios del alto gobierno, que han expresado en Bogotá con argumentos técnicos financieros, que falta mucho pelo para el moño, perrenque, musculatura, para que ese engendro que parece que va para los cuarenta años, tome vuelo.

También fuete ha habido cuando he sostenido, que antes de comprometer más dineros oficiales, que son de los manizaleños y de los caldenses, debe exigirse por todos los medios, que los administradores, los financistas, los ejecutores, los interventores, que han sido indiciados, investigados o responsabilizados por culpas o dolos en el ya largo historial del Aeroregional, sean declarados como responsables o como inocentes de los cargos que les han imputado. No hay derecho a que las investigaciones estén engavetadas y que quienes han sido incursos en el más grande fracaso de la dirigencia caldense en toda su historia, no hayan resuelto su situación ante las ías, Contraloría, Fiscalía y Procuraduría y sigan más campantes en la vida que el caballero escocés Jhonnie Walker.

A Manizales han llegado con alharacas justicieras, cabezas de las ías, anunciando que están prontas las providencias definitorias. Pero nada de nada. Ahora que está de moda el Trío Dinámico, integrado por Barbosa, Carrillo y Córdoba, debería ser invitado por «las fuerzas vivas del departamento» para que desengavete las pesquisas y aclare los hitos sospechosos que rodean el historial del paquidermo blanco palestinense, que tiende a convertirse con el tiempo en un mamut prehistórico.

A título personal, sin comprometer a nadie más que a mí mismo, escribo y conceptualizo estas opiniones. Muchos ciudadanos nos han acompañado en ellas, unos con más decisión que otros y algunos las han expresado en el reciente pasado, de viva voz o por escrito, sin haber encontrado razonable controversia. Solo indiferencia o descalificaciones discriminatorias.

Pero por estos días el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, quien se declara por la vía del ancestro, manizaleño de pura cepa, ha desenchuspado a Aerocafé y removido el debate. Y seguro, que por ser quien es, los oídos se destaparán y de pronto se abren los ojos oficiales y se repiensan los gastos del erario que van a caer en el barril desfondado de Aeropalestina. En su columna oral última, de amplia difusión, Crónica de un enchuspado 102, se recrea en pequeñas historias manizaleñas, pero mete baza en lo del aludido aeropuerto y palabras más, palabras menos, lo califica de embeleco y afirma que Manizales sigue botando la plata en la ilusión del aeropuerto, contra toda lógica comercial y aeronáutica, como a un foso sin fondo. Eso está bien Gustavo. Y es posible que lo que usted expresa con realista crudeza, tenga alguna resonancia. De la que ha carecido la crítica expuesta por mí y otros raizales caldenses, que se ha estrellado contra el soberbio muro edificado por quienes no quieren ver más allá de su recortado horizonte.

Es posible que volvamos sobre el tema. Máxime cuando no se necesita ser un zahorí, para adivinar la negra suerte de las líneas de aviación, después de la pandemia y no sea que construyamos aeropuertos para que aterricen ángeles con sus alas apocalípticas, en vez de naves con sus cabinas desinfectadas y espaciosas.

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