lunes noviembre 23 de 2020

Nerón contemporáneo

Por Augusto León Restrepo

Cuando el aspirante a la presidencia del país más poderoso del mundo, Donald Trump, conoció que su anhelada reelección estaba en peligro porque su contrincante Joe Biden le ganaba en las urnas y llevaba el mayor número de delegados al Colegio Electoral, que el próximo 14 de diciembre deberá ratificar su elección, cogió la bolsa de golf con sus hierros y maderas, se chantó su gorra roja, se vistió como se visten quienes practican este deporte, llamó a sus partners o compañeros habituales y se fue a su campo particular a ejercitar su pasatiempo favorito: el golf. Así lo pillaron los indiscretos fotógrafos, no solo uno sino dos días, en los campos de su club privado, el Trump National Golf Club, en Sterling, Virginia. Lo hizo, después de que anunció a los cuatro vientos que le habían robado las elecciones y que desconocía el triunfo electoral de Biden.

Semejante conducta me dejó pasmado y dije para mis adentros: ¡Qué maravilla de comportamiento! ¡Estamos ante el Gran Maestro Espiritual de la Humanidad! ¡ Cómo es que no conocíamos de su sabiduría! !Teníamos a la mano, a boca de urna, nó a Donald Trump, si nó a Zenón Trump, el padre del estoicismo de los nuevos tiempos!. ¡Cómo es que envié por correo mi voto por Biden, si Trump representa lo que siempre he buscado en mi interior: que nada me afecte, que todo me resbale, que las pérdidas y los desafectos no me conturben, que los fracasos los convierta en triunfos, que todo me importe un rábano, ¡que el importaculismo sea mi actitud existencial! ! Que las virtudes proclamadas por Zenón de Citio, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, y ahora por Donald Trump, me posean, así sea al final de mis días, es mi humilde plegaria oh dioses planetarios!

Sin lugar a dudas, una de las actividades más placenteras de este variable y ondeante itinerario vital, es jugar golf. Yo creo que lo que se invierte en el exigente ejercicio de ésta distracción, juego o deporte, como quiera llamarlo, le ahorra a uno el siquiatra. Claro que, como en su ejecución se refleja la personalidad de quien lo practica, muchos jugadores salen para el diván, porque su soberbia, su timidez, su bajo nivel de resiliencia, sus bajas defensas ante el fracaso, su incapacidad para coronar el triunfo cuando se dan todas las circunstancias, convierten al golf en un calvario y no en algo gratificante, budista, relajado, casi que espiritual, como lo analiza Deepak Chopra en un conocido libro, “Iluminación», que circula con éxito dentro la logia golfística, y que, aseguran quienes lo han leído que les ha mejorado el juego. Yo lo leí y terminé jugando peor de lo que venía haciéndolo. Supongo que fue porque compré «Iluminación» en edición pirata, en un semáforo, y le faltaron varias páginas.

A todas estas, me imagino que Trump no debe ser perita en dulce como partner, como compañero de campo. Ególatra, competitivo, triunfador olímpico, sin sentido del humor, sico rígido -hasta el leve caer de una hoja le debe molestar para la ejecución de su swing- y sobre todo, mal perdedor, debe convertir cada hoyo en un suplicio chino. En cambio, jugar con Obama, quien se escapaba a los links de Hawai para matar su estrés, por su forma de ser espontánea y natural, amabilidad expresiva y espíritu fresco, debe constituir una amable experiencia. Los gringos, que todo lo reducen a estadísticas, calcularon que Obama jugó 333 rondas durante sus ocho años como presidente. En otras palabras, Obama jugaba al golf una vez cada nueve días durante su mandato. Trump ha estado en un club de golf una vez cada cinco días hasta ahora. Estos datos los tomé de una página de la CNN y por consiguiente, es de la CNN la responsabilidad de lo consignado.

Como voy a aprovechar el solecito bogotano para irme a jugar una ronda en el Club Popular La Florida, donde vamos los clase media y los miembros de las juntas directivas de los sindicatos de los trabajadores, termino con esta reflexión: ¿ Donald Trump sería comparable con un Nerón contemporáneo? Nerón se dedicó a tocar la lira mientras Roma ardía. Trump al golf, mientras Estados Unidos está al borde de la mayor conflagración de su historia.

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