domingo septiembre 25 de 2022

La Navidad llega a la cárcel de mujeres El Buen Pastor de Bogotá con una anhelada atención médica

Un grupo de mujeres privadas de la libertad son vistas en la cárcel de mujeres El Buen Pastor recibiendo atención médica durante la pandemia de COVID-19 en Bogotá, Colombia, el 14 de diciembre, 2020. Una jornada médica en el establecimiento contó con actividades de promoción y prevención de cáncer de seno, cáncer cervical y de protocolos de seguridad para la prevención ante el coronavirus. Así mismo se atendieron consultas por las especialidades de ginecología y consulta dermatológica para brindar una mano amiga a estas mujeres que por diversas circunstancias se encuentran privadas de la libertad, y dar inicio a la temporada navideña, este año atípico, por la pandemia. (Juancho Torres – Agencia Anadolu)

Por: Juancho Torres – Diego Carranza

Agencia ANADOLU

Bogotá, 14 diciembre_ RAM_ En medio de la temporada navideña, en este año atípico golpeado por la pandemia del coronavirus (COVID-19) y del oscuro panorama carcelario en Colombia, las reclusas de la cárcel El Buen Pastor en Bogotá rompen su rutina con la visita de un grupo de médicos voluntarios para evaluar su estado de salud.

Estas jornadas, que se realizan en apoyo a una iniciativa del Ministerio de Justicia y del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), buscan brindar una atención médica a las mujeres que por diversas circunstancias se encuentran privadas de la libertad en una nueva Navidad.

Las brigadas cuentan con actividades para la prevención del cáncer de seno, del cáncer cervical y sobre protocolos de seguridad ante el coronavirus. Se atendieron, además, consultas de ginecología y dermatología.

Camilo Prieto, director de la ONG Movimiento Ambientalista Colombiano, quien participó en las actividades de salud, aseguró que “la medicina debe ir más allá de los consultorios y llegar a dónde se necesite”.

“Las cárceles siempre serán escenarios para ayudar y servir. Nos alegra encontrar internas muy pilas con ganas de aprender y compartir. Hacer equipo con ellas es fundamental para la promoción y prevención en salud”, indicó Prieto a la Agencia Anadolu.

El Buen Pastor refleja la situación general de las mujeres privadas de la libertad en Colombia. En apenas seis establecimientos se encuentra el 42,5% de la población interna femenina. Es una muestra, además, de la situación carcelaria en general en el país caracterizada por su precaria infraestructura, sus instalaciones antiguas, las escazas plazas y las difíciles condiciones de salubridad.

Con una capacidad para 1.275 reclusas, la cárcel El Buen Pastor tiene hoy una población de alrededor de 2.162 mujeres que purgan diversas condenas. El desequilibrio entre cupos e internas se traduce en un hacinamiento cercano al 70%.

Este crecimiento rápido y continuo de la población penitenciaria femenina se remonta al inicio de la guerra contra el narcotráfico en el país andino. Mujeres de escasos recursos, que han encontrado en el microtráfico su principal medio de subsistencia, engrosan las filas de los establecimientos carcelarios.

Proyectos de resocialización

En el encierro estas mujeres ocupan su mente e intentan ayudar a sus familias a partir del trabajo que realizan al interior de la cárcel.

Por ejemplo, a través del proyecto Libera Colombia, el Inpec busca potencializar el mercado de los productos elaborados por reos en las cárceles de Colombia.

Los artículos “de altísima calidad y belleza”, según el proyecto, que son elaborados en los establecimientos penitenciarios están llegando cada vez más a diferentes mercados.

Bisuay Estrada, funcionaria del Inpec, afirma que “es por esto que la marca institucional, a través de la exhibición y comercialización de las muestras artesanales, propicia oportunidades de ingresos económicos, tanto para la población privada de la libertad como para sus familias, orientándolos a que sean emprendedores de sus propios proyectos productivos”.

El dinero recaudado con la comercialización de los artículos es consignado a una cuenta que los privados de la libertad participantes tienen dispuesta en el sistema carcelario. Con sus ganancias pueden adquirir elementos necesarios para su manutención dentro de la cárcel o ahorrarlos hasta cumplir su pena.

Aparte de estas actividades, las privadas de la libertad también participan en labores industriales en las que se les permite el uso de maquinaria y equipo técnico, y a su vez, también pueden prestar servicios de peluquería, lavandería, reciclaje, distribución de alimentos, entre otros. Incluso, en algunos establecimientos, tienen la posibilidad de criar animales de granja y cultivar plantas.

El pabellón donde las mujeres recuperan sus vidas de la drogadicción

Una mujer a la que identificaremos como Milena* le indicó a la Agencia Anadolu que empezó a consumir drogas desde muy pequeña, cuando tenía alrededor de los 9 o 10 años. Actualmente tiene 32 años y cumple una condena por homicidio.

Milena fue víctima de abuso sexual y cuando aún era una niña se fue de su casa. Buscando algún refugio, ingresó al mundo de la prostitución donde calló por completo en la drogadicción. Relata que estaba rodeada de lo que llama “malas amistades” y que en 2015 hizo parte de grupos armados ilegales en los que comenzó a participar en crímenes.

Al llegar a la cárcel ingresó al patio 9, uno de los más conflictivos de El Buen Pastor, donde el consumo de estupefacientes es constante.

Allí tocó fondo, porque según relata, se había descuidado y casi no comía por el abuso de las drogas, y además porque estuvo a punto de morir pues no tenía dinero para pagar las sustancias que ingería.

Llena de desesperación buscó ayuda en una compañera de celda. Ella la motivó a acudir al área de psicología de la cárcel, en la que se coordinan programas para la rehabilitación ante la drogadicción.

Desde ese momento, Milena manifiesta que regresó a la vida, tanto física como espiritual y emocionalmente. Pasó de ser una interna a la que le temían a ser una líder positiva con una mirada alegre y una sonrisa para acompañar a las demás en el difícil camino para dejar atrás el mundo de las drogas.

Las mujeres de Sembrando Vencedoras, nombre que se le da al pabellón y comunidad donde Milena ingresó después de superar su drogadicción, no solo tienen claro que volver al consumo no es una opción, sino que varias tienen un proyecto común de abrir un negocio de trenzas y arreglo de uñas.

Saben que para una persona que estuvo en prisión es difícil encontrar un empleo afuera, pero quieren demostrar que son mucho más que su pasado.

Isabel*, otra mujer en El Buen Pastor, desde muy joven probó la marihuana y a temprana edad empezó su “carrera delincuencial” en las calles. A los 21 años llegó al patio nueve, el mismo al que ingresó Milena, y hoy a sus 35 años, después de 14 años de estar privada de la libertad, cuenta que su vida ha cambiado.

Según le confesó a Anadolu, la niña problemática ha quedado atrás, sus pensamientos suicidas se han ido, encontró a través de un taller de maderas una forma terapéutica de ver y pensar la vida de otra manera.

Otra historia es la de Anastasia*, una mujer que asegura que “sentirse lejos y olvidada”, incluso por su familia, es lo peor. “Me afectan mis nietos. Cuando los vemos parecen unos ‘gamincitos’. No poder estar con ellos es la tortura más dura. Estar en la cárcel es estar muerto en vida”, narra con tristeza.

Esta es la perspectiva de una mujer que cayó presa junto a su hija por porte y tráfico de estupefacientes. Son 64 años de condena que empiezan a reducirse porque ambas asisten a talleres en la prisión, donde han sido hasta amenazadas de muerte. Estando juntas se dan ánimo y sueñan con la libertad para emprender otro destino. “Uno comete un error una vez, no dos”, confiesa.

Estas son algunas de las historias que albergan los pabellones de El Buen Pastor, conocidas durante las jornadas de salud que adelanta el Ministerio. Y no son las últimas, pues la cartera de Estado tiene planeadas más actividades.

Actualmente, la pandemia de coronavirus deja un total de 628 casos positivos en todas las cárceles colombianas, de las cuales 531 contagios corresponden a internos, 69 al cuerpo de custodia y vigilancia, 20 a auxiliares y ocho a funcionarios administrativos.

*Los nombres de las mujeres privadas de la libertad, entrevistadas para esta nota, fueron cambiados

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