martes junio 22 de 2021

Periodismo y publicidad

Por Augusto León Restrepo 

Bogotá,21 de febrero_ RAM_ En el mes de febrero, en Colombia se celebra el Día del Periodismo. O del Periodista. El 9 del mes en curso, para ser más exactos.

Yo diría que leo periódicos en físico desde mi temprana edad. Mi padre, Agustín Restrepo Calderón, en Anserma Caldas, lugar donde mi progenitor y yo nacimos, tuvo un cadapuedario, «Sangre Nueva», precio del número suelto cinco centavos, del cual fue fundador, director y gerente y en el que a la vez que publicaba poemas suyos y de sus amigos, sarcasmos políticos sectarios y perfiles de las señoritas más apreciadas de la sociedad ansermeña, aprovechaba para promocionar artículos que vendía en su almacén, en verso, y montaba publicidades imaginativas, algunas de las cuales voy a citar de memoria. Pero antes, quiero aprovechar la oportunidad, como dirían los ciclistas, para agradecer al Maestro Adel López Gómez (fallecido), al connotado colega Orlando Cadavid Correa y al más destacado escritor caldense de ahora y retratista de nuestra identidad, Octavio Hernández Jiménez, por sendos artículos que escribieron en diversos medios en relación con Don Agustín, quien falleció a temprana edad. (1900-1953).

En este artículo quiero rendirle filial homenaje a mi padre, quien además de haber tenido su propio periódico, fue corresponsal de La Patria, diario que no faltó en mi casa al lado de El Siglo. La Patria llegaba a Anserma hacia el mediodía y El Siglo como a las seis de la tarde, o al otro día, o a los dos días. Y yo se los leía de pe a pa, porque mi padre no podía hacerlo por sus propios medios debido a una hemiplejía que padeció durante varios meses antes de su deceso. Desde ese entonces me picó el bicho del periodismo, profesión y oficio que ha embargado gran parte de mis días. También el de la política (hmmm…), y un poco el de la poética.

Al recordar a mi padre como periodista, rindo de igual manera homenaje a los periodistas de provincia. Su recortada historia -la de mi padre- por razones de espacio, resalta su vocación, pero también los esfuerzos por la financiación de su idealismo: el mismo conseguía los anunciadores y les encimaba la redacción de sus avisos, sacándole tiempo a sus actividades paralelas de dueño de almacén, comisionista y comprador de café, como membretiaba sus actividades mercantiles, en las que hizo todos los esfuerzos posibles para fracasar. Y lo logró. La herencia que nos dejó a mi madre, a mi hermana y a mí, fue un arrume de versos, de sueños y de ilusiones.

En su periódico «Sangre Nueva», de cuatro u ocho páginas, cuya circulación dependía de la publicidad y del movimiento noticioso de la villa, había toda clase de información. La tenía clara en relación con el contenido y con la influencia de sus mensajes: «La prensa es luz y da lodo;/ la prensa lava y salpica;/ la prensa es una botica/ donde se encuentra de todo».

La publicidad estaba en ciernes: años 25 al 45 del siglo XX. Agustín Restrepo, salía a ofrecer su producto. El distribuidor de gaseosas, le compraba un aviso para promocionarlas, siempre y cuando el gerente de la publicación le redactara el texto. Mi padre se inspiraba: «Si una chica enamorada/ en un rapto de pasión/ llega a mi pobre morada,/ no solo le doy posada:/ le doy Posada y Tobón.».

La única funeraria del pueblo necesitaba promocionar su tétrico producto. No hay problema: «ATENCIÓN: La Agencia Mortuoria de César Restrepo R, fundada en 1918 por los lados del Parque, garantiza puntualidad y esmero en el despacho de ataúdes. Obras en todo tamaño para satisfacer el gusto más refinado. Precios de quema. Ocúpela Usted y quedará satisfecho».

Pero, desde luego, su almacén no podía quedarse sin su respectiva promoción: «En el Almacén de/Agustín Restrepo C.,/ Anserma,/ encuentra Usted:/ cerda, algodón y satín,/ paños, mantos y crespones,/ encajes, cintas, letín,/ bufandas y pañolones./ Para señora, interiores/ en fluxes muy elegantes,/ cobijas y cobertores,/ medias, zapatos y guantes./ Pañuelos, hilos, botones,/ pantuflas, cuellos, muleras,/ y sacos y pantalones/ con muy buenas cargaderas./ Correas, driles, guarnieles,/ colchas, géneros, liencillos,/ Boas, toallas y pieles/ y buenos pantaloncillos./ Telitas de fantasía,/ mantelitos para té,/ billetes de lotería/ y mucha más mercancía,/ EN EL ALMACÉN DE/ AGUSTÍN RESTREPO C.».

Esto va para ustedes, los periodistas de provincia, quienes, en el ejercicio de su profesión, en pleno siglo de la cibernética y de la virtualidad, tienen que promocionar, ofrecer, y vender su producto. Y para los estudiantes de periodismo, a ver si como emprendedores y destinatarios de la economía naranja, se le miden a seguir el ejemplo de Agustín Restrepo C.

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