miércoles junio 23 de 2021

El Ojo del Halkón Más perdidos que el hijo de Lindbergh

Por: Rubén Darío Mejía Sánchez 

Bogotá, 29 mayo de 2021 RAM_ Una brisa, una tarde opaca y una tristeza en el ambiente es lo que se vive y se siente en esta tarde bogotana, en donde nos damos cuenta que así queramos tapar el sol con las manos aquí está pasando algo.

Está pasando y mucho, hay muerte por todos los lados, hay tristeza, hay desolación y hay mucha pobreza.

La pandemia está dejando las secuelas más grandes en el comportamiento de las personas y es porque muchas, principalmente los de la clase media han perdido todo lo que han conseguido a través del tiempo y no han encontrado ayuda por parte del Gobierno que ha ofrecido, pero que en el momento de solicitarles esa ayuda han puesto todas las trabas necesarias para que uno se dé cuenta de que no es digno de conseguir esa colaboración por parte del Estado.

Muchas empresas pequeñas y medianas han tenido que cerrar sus puertas y el Gobierno sigue ayudándole a los grandes conglomerados, mientras que de verdad esa clase media se va acabando y como alguien decía jocosa o irónicamente en una oportunidad, el Gobierno de turno ha acabado con la pobreza porque ha llevado al país a la miseria.

No podemos enseñar a la gente que todo se le da, hay que enseñarle a la gente que se le da oportunidades, de trabajo de estudio y de superación y es oportunidad de enseñarle a la gente que los valores que nacen desde el hogar son los más importantes, pero que los padres necesitan tener autoridad para enseñar y no estar limitados por las leyes que muchas veces son ridículas, hechas por algunos mal llamados padres de la patria.

Vemos a los muchachos destrozando todo lo que encuentran en el camino, los vemos violentos y lo peor de todo sin respeto por nadie, pero es que nadie les puede corregir y orientarles porque se dice que se les está violando los derechos humanos y no sabemos cómo puede un caballo desbocarse si no hay quién le lleve bien las riendas.

Los jóvenes gritan en la calle por falta de oportunidades, porque están defraudados de lo que le estamos dejando los mayores, porque les estamos dejando un mundo en donde el odio prima desde los diferentes sectores de nuestra sociedad.

Se odia a las personas porque no son de nuestro mismo partido, se odia a las personas porque piensan religiosamente de otra manera, se odia a las personas porque no son de nuestra misma clase social y se odia a las personas simple y llanamente porque queremos hacerlo y porque nosotros somos los que tenemos la última palabra en todo lo que digamos.

Ya nadie cree en nadie, ya no se cree en los medios de comunicación, no se cree en la justicia y mucho menos en el Gobierno a pesar de que éste diga lo contrario, que está subiendo en la aceptación por parte de la ciudadanía, cuando ésta lo que está pidiendo es resultados y no tanta palabrería y además respeto por cada uno de los ciudadanos.

Es grave lo que está sucediendo, nos estamos matando nosotros mismos entre hermanos, porque es tan importante un policía, como un ciudadano común y corriente, como una mujer o como un hombre que trata de salir a las calles a buscar su sustento encontrando una serie de trabas de un lado o del otro sin que nadie busque soluciones a los problemas que aquejan al país.

En todo lo que está sucediendo hay muchos responsables, pero lo peor es que a la hora del te salen a decir que los responsables son otros, mientras que las órdenes se dan de sectores donde se le está dando la oportunidad a la gente mala para que aproveche y haga de las suyas.

Hay que respetar la institucionalidad, pero las autoridades también deben de respetar a los ciudadanos y no creo que sólo con una bota militar se vaya a solucionar el problema que tiene el 80% por no decir el 90% de los ciudadanos en este país, como son la falta de trabajo, la falta de oportunidades y la falta de respeto para poder salir adelante.

Algunos grupos políticos tienen unos voceros que da vergüenza, que piden a cada momento que se debe armar el país como en otros otras latitudes en donde se ha visto que por medio de las armas ha llegado más la violencia y nunca se ha conseguido la paz.

La paz se consigue mediante el diálogo y para dialogar se necesitan dos y lo mejor para eso es escuchar y no ser sordos a las peticiones de los demás y exponer nuestras ideas como deben de ser, porque debemos de evitar lo de la fábula de los dos burritos que cada quien echó para su lado estando amarrados y cada quien jalaba para un lado y para el otro sin lograr que ninguno de los dos comiera, en vez de ponerse de acuerdo ir juntos y comer primero en un lado y luego al otro.

No es demostrar quién es el más poderoso, no es demostrar quién es el que manda, es importante saber cómo se solucionan los problemas y sentados a la mesa mediante la tranquilidad y la paz y un buen diálogo se puede lograr.

No van a parar las protestas sacando todos los militares a las calles, esto va a armar al país y al ciudadano común y corriente y la violencia va a seguir adelante y se seguirá dando la oportunidad para que los delincuentes y los terroristas aprovechen esto, como se dice coloquialmente aprovechar en río revuelto para que sea ganancia de pescadores.

Esto se soluciona con un diálogo sincero por parte del Gobierno y por parte de los integrantes del comité del paro que están en la responsabilidad de encontrar puntos de acuerdo y evitar que se siga desangrando más el país.

Cuando se firmó el proceso de paz escribí muy alegremente una frase, “creo que ya me puedo ir tranquilo de este mundo porque después de vivir por muchos años la violencia de mi país la veo vivir en paz” y esa paz no vivió más que la pobre paloma blanca, porque llegaron los cazadores y la mataron o mejor dicho los enemigos de la paz y los amantes de la violencia que son muchos en este país y no quieren reconocerlo.

Como periodista he aprendido la responsabilidad que tenemos quienes ejercemos esta profesión, pero veo con tristeza como en este momento se trabaja por el bien de los conglomerados económicos y políticos olvidando al pueblo que es el que debe de orientarse y ayudarse como una de las grandes labores de un buen periodismo.

Una revista que no quiero mencionar, la veo que está más terminada por su falta de carácter y de información, por falta de calidad en sus artículos y por falta de sensibilidad en lo que se dice y me da tristeza, porque recuerdo cuando hace más de 30 años me llamaron para que formara parte de su redacción y encontramos que un director con un kinder armó una gran redacción y un equipo de trabajo que investigaba y que al poco tiempo contaba con el gran respeto no sólo de los colombianos sino del periodismo mundial, hoy esa revista ya no cuenta con los suscriptores de antes y mucho menos con credibilidad.

Hoy diría que tanto los sectores religiosos, políticos, gremiales y sociales deben de trabajar unidos para conseguir la unidad del país, que cada día está más requebrada y que cada día se monopoliza más para que sea como decía anteriormente el odio el que estemos sembrando en los corazones de los futuros ciudadanos y ciudadanas del país.

Somos muy dados a decir quiénes son y quiénes no son los responsables, pero lo peor de todo es que no reconocemos que todos somos responsables de lo que está sucediendo en el país porque no hemos hecho las cosas como deben de hacerse.

Da tristeza no poder volver a los estadios y a las actividades deportivas y no ver el espectáculo que da el deporte y otras actividades sociales porque debemos de estar guardados no sólo por el COVID 19, sino por la violencia y el odio que carcomen nuestros corazones.

Que tristeza da escribir sobre estos temas, cuando nos hemos olvidado que de verdad en Colombia es más la gente buena que ese grupo de personas que tratan de corromper sólo para tener poder y para demostrar que son los que mandan y que se pueden apoderar de las riquezas y de todo lo bueno que tiene el país.

Qué bueno sería tener otra semana de paz y de tranquilidad, en donde se pueda salir con los mayores, con los niños, hombres y mujeres y no estar en la casa pensando… será que regresan esta tarde después de las grandes manifestaciones que se están haciendo y que están infiltradas por gente dedicada a ejercer el delito.

Los manifestantes tienen derecho a exponer sus ideas, pero mientras se sigan haciendo las manifestaciones y las protestas, seguirán los infiltrados haciendo de las suyas y se dice que nadie quiere solucionar el problema cuando esto está en manos de unos pocos que pueden solucionar en unas horas o en unos días el problema que hay en este momento.

Conversaciones, conversaciones y conversaciones, pero si vemos no hay respeto, porque se está en conversaciones y se hace otra cosa y como decía alguien es muy difícil uno hacer las cosas en cuerpo ajeno.

Ni la pandemia sede, ni somos conscientes en que debemos de cuidarnos, el Gobierno no cede, los del Comité no sede, lo que quiere decir que definitivamente si las cosas siguen así estamos perdidos.

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