sábado noviembre 26 de 2022

Colombia con su alma rota

BOGOTA, 02 marzo de 2022_RAM_¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué? La reciente encuesta de Invamer sobre el estado de ánimo de los colombianos, hace una averiguación interesante para asomarnos al interior de las opiniones y percepciones de los colombianos, que es como decir a la realidad de Colombia como es percibida por sus habitantes. De entrada y a lo largo del análisis resalta un hecho que merece destacarse y que reclama un análisis, una interpretación: ¿Por qué desde la mitad del segundo período de Juan Manuel Santos en la presidencia comienza un proceso imparable de deterioro continuado de la percepción ciudadana sobre su realidad cotidiana, en torno a temas gruesos como la seguridad, la economía, el empleo? Y también una percepción de deterioro frente a la lucha contra la pobreza y el narcotráfico; la guerrilla y el apoyo al campo; la educación, la asistencia a la vejez y los servicios públicos; el transporte, ¿las vías y las relaciones internacionales?

A la par con esta situación, aumenta irresistiblemente la desfavorabilidad, a la que le añadiría la deslegitimación de instituciones fundamentales para el funcionamiento de una democracia liberal como se supone que es la colombiana: Los medios de comunicación (y el acceso ciudadano a una información clara e imparcial), la Policía (y la protección de la convivencia y la seguridad ciudadana, no la del Estado), el Banco de la República (la institución que para el ciudadano de a pie responde por la suerte de la economía en términos de los precios, la producción y aún el empleo), y las altas Cortes (como cabeza del sistema de justicia). Remata la opinión ciudadana resaltando el descrédito mayúsculo y conjunto del Congreso y de los partidos políticos, que literalmente se lo tomaron.

¿Qué pasó en esos meses de mediados del 2017, en la segunda parte del segundo período presidencial de Juan Manuel Santos? El asunto amerita un análisis reposado.

Me aventuro a plantear unos elementos que pueden ser útiles para la tarea. Es el momento cuando toma forma el necesario proceso de negociaciones con las Farc, que cuenta con un alto respaldo ciudadano que el gobierno no supo aprovechar y más bien se aisló, lo cual le dejó el espacio de opinión a los críticos y se desembocó en una paz ni entendida ni compartida, abriéndole espacio a que se profundizara la polarización política en torno a un tema que no fue blindado con opinión.

Creció rápidamente una percepción de incertidumbre que no fue atendida y alimentó la polarización; el paso siguiente de la opinión y su percepción de la realidad que se vivía, fue de incredulidad y pesimismo al no saber o entender para donde iba el en un asunto tan delicado. La opinión vino a moverse en favor de las negociaciones cuando el NO ganó por un pelo en el referéndum con un voto que fue impulsado por movimientos cristianos que tejieron una supuesta identidad entre lo acordado y una supuesta política de identidad de géneros aprovechando para ello una cartilla publicada por esos días por el Mineducación en cabeza de Gina Parody.

La polarización y una especie de cruzada «contra el mal» se consolidó en el espacio político, envenenando el ambiente y cargando energías negativas la percepción ciudadana. Añádale una situación de incertidumbre económica y la pandemia, la receta precisa para lo que registra la encuesta. Como remate de la película, los cuatro años de Duque simplemente profundizaron la decepción y la desesperanza. Ese es el telón de fondo de la sensible coyuntura político- electoral en curso en la que se tendrá que remontar la cuesta.

Share Button