miércoles agosto 10 de 2022

INSULTOS, BOSTEZOS… Y GOLES.

El cuadro de Diego Corredor se destapó finalizando el primer tiempo del Clásico Cafetero entre Once Caldas y Deportivo Pereira con las anotaciones y fue Ayron Del Valle el que marcó el primero de gran calibre, luego de bajar con el pecho en el área un pase de Diego Valdes para posteriormente sacar un remate que dejó sin opción al arquero Harlen Castillo.Foto Dimayor

Por Esteban Jaramillo Osorio

Los goles pararon insultos y bostezos, porque de futbol, poco había.

Se jugaba de punta para arriba, con el pase largo como único recurso, ya identificado por los rivales, que lo neutralizan.

Desconectados los delanteros. Se batallaba en la mitad de terreno, entre recriminaciones, a paso lento que desesperaba, sin ataque, con la tendencia a regresar la pelota, porque no había agresividad para ocupar los espacios, mientras el Pereira jugaba hacia adelante.

Había recursos en el campo para jugar mejor.

Por ello la fórmula cambio cuando la salida fue pulcra desde el fondo, aumentó el número de toques y pases, se peleó el balón con firmeza, como preámbulo de los dos goles, con acciones combinadas en velocidad, con precisión y excelente definición de López y Del Valle, con rendimiento en evidente progreso de parte del este último.

Las caras camaleónicas del Once Caldas, que araña la punta, está invicto, pero no se afirma. Que no respalda sus resultados con futbol, a pesar de Torijano, Del Valle, Pico y Rodríguez, veteranos soportes de la campaña que arranca.

Tan mal tratado Rodríguez por la tribuna.

Incomprendido, sin analizar en él que juega sin socios y que es indefinida su demarcación. El libreto lo sacrifica, con funciones que lo desgastan. Es un “8” clásico, de ida y vuelta, con lento regreso, al que debe respaldarse, con y sin la pelota. Es influyente en el juego.

El Once se afianzó cuando le dio circulación al balón, con mayor precisión. De esa manera encontró el semáforo en verde para atacar. Se acercó de nuevo a la red, pero no resolvió.

Fue cuando la inadaptación de los relevos, estuvo a punto de malograr la tarde. Llegó el descuento por un descuido de Quiñones, quien le hizo el quite a un balón envenenado, en falta, que comprometió al portero. Al lado de la barrera, estaba desatento, en otro mundo, como en los últimos partidos.

No puede tildarse el triunfo como el renacer del equipo. Hay muchas tareas pendientes. Algo inexplicable a pesar del tiempo de trabajo transcurrido, sin identificar la idea de juego. Por pasajes parece que, en medio de la competencia, se agotaran la batería y la gasolina, por los errores que se cometen y los bajones en el rendimiento.

El Once compite, pero no luce y eso no cuadra con el deseo del hincha, que no siempre, como hacen ciertos técnicos, infravalora el juego, frente al resultado. Esteban J.

Twitter: @estejaramillo

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