Shakira, Copacabana y el peso extra sobre las artistas
Brasilia, 3 mayo (Prensa Latina) Mientras la prensa brasileña destaca hoy el impacto del megaconcierto ofrecido por Shakira en la icónica playa de Copacabana, los criterios sobre el espectáculo avivan el debate acerca de las exigencias que enfrentan las mujeres artistas.
El esperado evento gratuito, realizado anoche como parte del proyecto “Todo Mundo no Rio”, combinó música, tecnología y narrativa visual en uno de los eventos culturales más multitudinarios celebrados recientemente en América Latina.
La alcaldía de Río de Janeiro difundió que la presentación de la estrella colombiana reunió a dos millones de personas, una cifra discutida por algunas fuentes, pero que deja ver la magnitud de la movilización.
Desde el inicio, el «show» apostó por una puesta en escena de gran escala, con un despliegue de drones que formaron figuras simbólicas como la loba, ícono recurrente en la estética de la artista.
En las más de dos horas de concierto, la cantante interpretó éxitos como Hips Don’t Lie, Waka Waka, Estoy Aquí e Inevitable, un recorrido por las distintas etapas de su carrera, junto con exigentes coreografías y más de una decena de cambios de vestuario.
Un punto distintivo y muy celebrado por la prensa nacional es que Shakira incluyó colaboraciones con figuras brasileñas como Anitta, Caetano Veloso, Maria Bethânia e Ivete Sangalo, además de que incorporó de elementos culturales locales que reforzaron el carácter integrador del evento. En sus continuos diálogos con el público, todos en portugués, la intérprete evidenció su amor por Brasil y por sus espectadores, recordó sus primeras visitas al país cuando solo tenía 18 años y mostró su admiración por la música y el arte del gigante sudamericano.
Otro de los rasgos más destacados fue el mensaje de empoderamiento femenino que atravesó el espectáculo. Durante el espectáculo hakira intercaló sus canciones con discursos dirigidos a mujeres “fuertes y resilientes” y subrayó la realidad de millones de madres solteras.
Las reseñas coincidieron en subrayar la magnitud del evento, definido por varias fuentes como el mayor de la carrera de la artista, así como su impacto económico, estimado en cerca de 800 millones de reales (160 millones de dólares) para la ciudad.
Críticos y cronistas resaltaron su capacidad de conexión con el público, la energía escénica y la versatilidad musical, elementos que han sido valorados de forma consistente en sus presentaciones.
Sin embargo, el concierto, que fue transmitido en vivo por la televisión, también generó críticas en redes sociales y espacios mediáticos, ya que parte del público consideró que ciertos segmentos resultaron menos dinámicos de lo esperado, especialmente en transiciones visuales o digitales que afectaron el ritmo general.
Tales cuestionamientos pueden ser válidos y forman parte del escrutinio que todos los artistas deben esperar durante sus carreras; el problema radica en que, por lo general, ese tipo de críticas suelen recaer con más fuerzas sobre las intérpretes femeninas.
Diversos análisis sobre la industria musical refuerzan la idea de que las mujeres enfrentan estándares más altos en comparación con sus pares masculinos.
En una encuesta realizada en 2021 por la compañía británica MIDiA Research y la francesa Believe entre 400 cantantes, compositoras, productoras y DJs, el 83 por ciento de las entrevistadas consideró que, para tener éxito, es prioritario que las artistas luzcan bien (apariencia, imagen y desempeño visual), además de sonar bien.
Un caso reciente citado en medios y análisis culturales compara las presentaciones de Sabrina Carpenter y Justin Bieber en el festival Coachella en abril pasado en Estados Unidos: mientras ella ofreció un espectáculo altamente producido, con coreografías, cambios de vestuario y narrativa escénica, él optó por un «show» totalmente minimalista.
A pesar de esa diferencia de despliegue, la recepción fue desigual, y algunos comentarios recogidos en prensa y redes elogiaron al artista masculino, mientras otros plantearon que, de haber hecho lo mismo, una artista femenina habría sido duramente criticada.
Los comentarios sobre el concierto de Shakira en Brasil entonces adquieren una dimensión más amplia, vinculada a las expectativas diferenciadas entre uno y otro sexo.
Es cierto que la presentación no estuvo exenta de fallos: hubo incidentes técnicos, incluso en la transmisión; el «show» se retrasó más de una hora en comenzar por “un problema personal” de la artista, según difundió la prensa local; y hay especulaciones de que la intérprete usó playback en algunos momentos.
Pero, incluso con esos detalles, es innegable la energía y la entrega de una de las estrellas más importantes del escenario internacional, que hizo vibrar a toda Copacabana.
Un artículo de opinión del portal Terra señala que, más allá de las críticas llegadas de quienes vieron el espectáculo a través de televisión, “en la playa, el ambiente era festivo y agradable, y el ánimo se renovaba con cada éxito musical”.
“Y, en definitiva, un espectáculo se vive allí, en el intercambio de energía, en el ritual de la experiencia colectiva. No a través de filtros de pantalla. Eso está fuera de toda discusión”, remarcó ese texto.






