domingo agosto 9 de 2026

Qué esperar de Abelardo

09 agosto, 2026 Opinión Juan Manuel Ospina

Juan Manuel Ospina

Pienso que, para la mayoría de los colombianos no es clara la imagen de Abelardo y el perfil que tendrá su gobierno. La expectativa más que la opinión, oscila entre considerar simplemente que el 7 de agosto cesará “la horrible noche” de los cuatro años de Petro; mientras que, quienes lo ven con terror, consideran que el 7 de agosto llega al poder una extrema derecha que arrasará con lo mucho o poquito de democracia que tenemos en el país; finalmente estamos los que avizoramos el futuro inmediato con incertidumbre, ni completamente negro ni completamente radiante, pues hemos percibido, en estos días previos a la posesión, señales en distintos sentidos, que podrían indicar que Abelardo inicia el paso de su discurso de campaña a los planteamientos de un gobernante en ejercicio. Creo que sus prioridades se mantendrán, y eso está bien, pues por ellas votaron sus electores. Pero ahora se trata de que pueda concretarlas, precisarlas, y esto le exige un análisis realista tanto de las necesidades o prioridades del país, como de la factibilidad de atenderlas debidamente.

Atendiendo a los nombramientos que ha realizado, se podría pensar que el Presidente electo entiende que ya pasó el momento de las promesas y de los compromisos generales, y que los colombianos, aun muchos de sus críticos, esperan que estas se vuelvan actos de gobierno. En sus discursos y en sus primeras decisiones ha mandado un mensaje claro, de establecer una relación directa, no intermediada por intereses políticos o económicos, con las regiones – con sus gentes, sus proyectos y prioridades, sus recursos y potenciales -, para trabajar hombro con hombro con ellas, y desde ellas.

Entiende que fue elegido para gobernar este país, rico y diverso, a partir de las múltiples realidades que lo conforman y no hacerlo centralizadamente, desde el despacho presidencial, aunque lo localice fuera de Bogotá. En ese punto, se sintoniza con el espíritu de la Constitución del 91, en cuanto a reconocer y valorar la importante diversidad que nos caracteriza y que, a lo largo de nuestra historia republicana, salvo en la segunda mitad del siglo XIX, durante el período federal, no ha sido reconocida. Pensar en un reordenamiento del Estado y en su funcionamiento, con una perspectiva federal,exige realizar un esfuerzo de análisis objetivo, no meramente subjetivo o emocional, que permita identificar cuáles son los asuntos de ámbito propiamente nacional, que deben permanecer a cargo de la Nación, pudiendo ésta, asignarle tareas o funciones específicas a las autoridades regionales y territoriales; y cuáles son propiamente nacionales y por consiguiente indelegables o intransferibles – relaciones internacionales, seguridad y soberanía nacional, lucha contra la criminalidad suprarregional, moneda y sistema bancario -.

Esto significa un adelgazamiento del gobierno central, en términos de funciones, planta y presupuesto y, simultáneamente, un fortalecimiento de los gobiernos e instituciones territoriales, sin que ello redunde en un aumento de la planta global, la nacional y las territoriales. El resultado debe traducirse en un más eficiente y ágil aparato

estatal, directamente ligado al cumplimiento de tareas específicas y evaluables, para garantizar que se realice la tarea, a cargo de un estado nacional y regional, eficiente y suficiente. Veremos cómo enfrenta Abelardo una tarea que el país reclama y que podría contar con un respaldo importante de una ciudadanía que empezaría a identificarse con un estado y un gobierno, que empezarían finalmente a ser su estado y su gobierno, y no el de los políticos, manejándolos a su amaño. Amanecerá y veremos

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