viernes mayo 1 de 2026

¿Por qué no soñar…?     

Esteban Jaramillo Osorio

Argentina líder, clasificada al mundial, 10 años sin perder en el Monumental. Con aire en la camiseta, un espíritu ganador y sobrador, plagada de figuras, feroz y comprometida, tan rítmica como el bandoneón, tan histórica como el tango y la milonga.

Colombia, cinco partidos sin ganar, extraviada la esencia de su juego, entre escándalos reales o ficticios, que afean el camerino, sin liderazgo y guía, mirando de reojo el repechaje y el abismo.

Pero, ¿por qué no rebelarme, aferrarme a una esperanza, a una ilusión? ¿por qué no soñar?

Como ir en contra de los vaticinios, de las casas de apuestas. Con el propósito de triunfo. Al fin y al cabo, es un partido de futbol… solo un partido. Que no es la vida, ni es la muerte.

Si Colombia gana, a celebrar. Si pierde desata tus posturas, críticas con respeto, desahoga tu descontrol, recalca los errores, señala culpables, que los hay. Eso es pasión, es emoción.

No hay tareas imposibles, hay motivos de inspiración, un partido no se pierde sin afrontarlo y dañino es convertirse en mensajeros de infortunio.

Por eso, antes del juego, no prendas la TV, no escuches a los sabios. Son frases que martillan, con ecos dañinos, que alimentan el escepticismo. Hablamos después.

Como dice Marc Antony “voy a vivir el momento, para entender el destino…”

El tango insignia de una misión imposible

Esteban Jaramillo Osorio

Existe un tango que bailaron en Buenos aires hace tres décadas, con autoría, letra y música desconocidas, que odian los hinchas del futbol argentino, pero celebran los colombianos con especial fervor.

La orquesta que lo interpretó, con artistas de lujo, colombianos, en uno de los templos de futbol en Buenos Aires, el Monumental Antonio Liberti, el de River Plate, dirigida por un odontólogo de las zonas deprimidas del Choco.

El tango como la mayoría, una oda al desengaño, a la traición, a la tragedia y a la vergüenza.

Se llamó”, para muchos, el “cinco-cero”. Sin duda un tema colosal. Reposa en la memoria de los colombianos, con especial admiración y nostálgicos detalles en los recuerdos.

Un rubio, de melena desordenada, fue el eje de la fiesta, como también un moreno desgarbado, un macizo tan recio como una roca, un obrero aplicado, un portero agigantado y un alternante, quien no desentonó.

Hoy, ese tango, cobra vigencia, como motivo de inspiración, cuando Colombia prepara su equipo para jugar contra Argentina en el clasificatorio al mundial.

Contra el campeón del mundo, de copa América, el mejor seleccionado de la actualidad, con grandes estrellas en su nómina y un técnico que produce admiración.

Cuando aquel tango se bailó por primera vez, con sus notas futboleras, fue la apoteosis precedida por las dudas y el escepticismo. Porque interpretarlo se creyó misión imposible.

En ese mundo, el de las melodías de arrabal y el futbol, tan asociados entre sí, no hay sueños irrealizables.

Podría ser, de nuevo en Buenos Aires, en el mismo escenario, el resultado menos esperado. No otro cinco a cero, tan difícil de igualar, pero sí un toque entonado, que acerque a Colombia al próximo mundial. Se puede. Se sueña y se logra. Es confiar.

Aquel tango nunca lo podré olvidar porque, además, en la tribuna, estaba el Gardel de la época, Maradona quien sufrió una afrentosa humillación.

P.D. Quizás recuerdas al Pibe, al Tino, a Freddy, a Leonel, a Córdoba y Maturana. Sin piano, sin violín, sin bandoneón, sin bajo, pero con magia en los pies.

Esteban J.

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