lunes agosto 10 de 2026

Qué esperar de Abelardo

09 agosto, 2026 Opinión Juan Manuel Ospina

Juan Manuel Ospina

Pienso que, para la mayoría de los colombianos no es clara la imagen de Abelardo y el perfil que tendrá su gobierno. La expectativa más que la opinión, oscila entre considerar simplemente que el 7 de agosto cesará “la horrible noche” de los cuatro años de Petro; mientras que, quienes lo ven con terror, consideran que el 7 de agosto llega al poder una extrema derecha que arrasará con lo mucho o poquito de democracia que tenemos en el país; finalmente estamos los que avizoramos el futuro inmediato con incertidumbre, ni completamente negro ni completamente radiante, pues hemos percibido, en estos días previos a la posesión, señales en distintos sentidos, que podrían indicar que Abelardo inicia el paso de su discurso de campaña a los planteamientos de un gobernante en ejercicio. Creo que sus prioridades se mantendrán, y eso está bien, pues por ellas votaron sus electores. Pero ahora se trata de que pueda concretarlas, precisarlas, y esto le exige un análisis realista tanto de las necesidades o prioridades del país, como de la factibilidad de atenderlas debidamente.

Atendiendo a los nombramientos que ha realizado, se podría pensar que el Presidente electo entiende que ya pasó el momento de las promesas y de los compromisos generales, y que los colombianos, aun muchos de sus críticos, esperan que estas se vuelvan actos de gobierno. En sus discursos y en sus primeras decisiones ha mandado un mensaje claro, de establecer una relación directa, no intermediada por intereses políticos o económicos, con las regiones – con sus gentes, sus proyectos y prioridades, sus recursos y potenciales -, para trabajar hombro con hombro con ellas, y desde ellas.

Entiende que fue elegido para gobernar este país, rico y diverso, a partir de las múltiples realidades que lo conforman y no hacerlo centralizadamente, desde el despacho presidencial, aunque lo localice fuera de Bogotá. En ese punto, se sintoniza con el espíritu de la Constitución del 91, en cuanto a reconocer y valorar la importante diversidad que nos caracteriza y que, a lo largo de nuestra historia republicana, salvo en la segunda mitad del siglo XIX, durante el período federal, no ha sido reconocida. Pensar en un reordenamiento del Estado y en su funcionamiento, con una perspectiva federal,exige realizar un esfuerzo de análisis objetivo, no meramente subjetivo o emocional, que permita identificar cuáles son los asuntos de ámbito propiamente nacional, que deben permanecer a cargo de la Nación, pudiendo ésta, asignarle tareas o funciones específicas a las autoridades regionales y territoriales; y cuáles son propiamente nacionales y por consiguiente indelegables o intransferibles – relaciones internacionales, seguridad y soberanía nacional, lucha contra la criminalidad suprarregional, moneda y sistema bancario -.

Esto significa un adelgazamiento del gobierno central, en términos de funciones, planta y presupuesto y, simultáneamente, un fortalecimiento de los gobiernos e instituciones territoriales, sin que ello redunde en un aumento de la planta global, la nacional y las territoriales. El resultado debe traducirse en un más eficiente y ágil aparato

estatal, directamente ligado al cumplimiento de tareas específicas y evaluables, para garantizar que se realice la tarea, a cargo de un estado nacional y regional, eficiente y suficiente. Veremos cómo enfrenta Abelardo una tarea que el país reclama y que podría contar con un respaldo importante de una ciudadanía que empezaría a identificarse con un estado y un gobierno, que empezarían finalmente a ser su estado y su gobierno, y no el de los políticos, manejándolos a su amaño. Amanecerá y veremos

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