Marze Rodríguez: La mujer que a punta de guitarra y canto perdonó a los asesinos de su progenitora
Empacó sus maletas con mercancía, tomó un café de prisa, que lo acompañó con un trozo de pan, se despidió con un “nos vemos en dos días” y luego agregó: “por la noche llamo”. Iba radiante, como siempre, llena de ilusiones y con el empeño posible para vender sus productos que compraba en Bogotá












