El llanto de los ídolos
El fútbol no se entiende bien sin la palabra, dice Valdano. Pero hay momentos en los que una foto, una sola foto, lo revela todo. Ocurrió con Neymar, destrozado, en su derrota y la de Barcelona en la “Champions”.
El fútbol no se entiende bien sin la palabra, dice Valdano. Pero hay momentos en los que una foto, una sola foto, lo revela todo. Ocurrió con Neymar, destrozado, en su derrota y la de Barcelona en la “Champions”.
Como en todos los escándalos de corrupción en Colombia, en el de Odebrecht también hay una lucha entre quienes queremos toda la verdad y los poderes que promueven el tapen-tapen. Lo nuevo es que nunca se habían juntado tantos poderes, públicos y privados, con interés en sustituir la verdad total por los pedacitos de verdad que les sirvan a sus conveniencias, incluidas mentiras,
Uno no entiende como en pleno siglo XXI una persona sin cuatro dedos de frente está al frente de los destinos de un país, aunque dicen en los mentideros políticos que Nicolás Maduro no es el que manda en Venezuela sino un grupo de militares y políticos corruptos que siguen teniendo activas las ideas de Hugo Chávez Frías, un hombre que con su terquedad fue capaz de imponerse hasta llegar al poder y volverse inamovible.
El Estado es proclive a las ideas complicadas que, por su misma naturaleza, suelen extraviarse en un laberinto kafkiano a la hora de la ejecución y terminar beneficiando a muy pocos. Mucho se ha repetido una paradoja cruel que afecta a Colombia y es que por el efecto combinado de los impuestos y el gasto público la desigualdad se agrava, en vez de atenuarse.
Uno de los debates sociales y humanitarios más importantes que debe asumir el país, es el relacionado con las víctimas. No puede verse como un asunto simple; menos como un requisito por cumplir para ganar en “legitimidad”; sino que se debe convertir en una discusión seria, responsable, que aborde el problema desde sus raíces, procurando con ello encontrar, proponer e implementar, medidas consistentes y concretas.
No es mucho lo que se conoce de la visita de los doctores Pastrana y Uribe al Presidente Trump, celebrada en los Estados Unidos el viernes de pasión. Se comenta que hablaron del proceso de paz en Colombia y de la situación en Venezuela, y se supone que los expresidentes fueron largos en hacer comentarios, nada edificantes, sobre el Presidente Santos. A eso fueron.
Los colombianos somos hipocondríacos —y hasta paranoicos— en materia de violencia, criminalidad y malos gobiernos. Como nos ha pasado de todo, pensamos que todo nos va a volver a pasar mañana por la mañana. Al hipocondríaco el mal le da antes de que le dé y muchas veces incluso padece los síntomas, porque somatiza sus miedos, es decir, los da por realizados cuando apenas son una remota eventualidad.
Miguel Russo conforme en la derrota, así lo dijo, y los hinchas nerviosos por los resultados. Cinco partidos sin triunfo. ¿Y la autocrítica? Millonarios no anda bien, pero, como ha sido costumbre en los últimos años, sus entrenadores resultaron ases para manipular micrófonos y suavizar las crisis. Algo tan argentino.
Ya nos tienen aburridos los informes amarillistas en televisión y en radio sobre la violencia contra la mujer y digo nos tienen aburridos, porque el nuevo periodismo no respeta muchas veces la dignidad humana y se hacen preguntas tan salidas de tono que antes de ayudar lo que están es complicando la situación sobre la violencia en Colombia en lo que tiene que ver con relaciones interpersonales que cada día dejan más víctimas, tanto de hombres como de mujeres.
Colombia y el Medio Oriente tienen más de una cosa en común. En ambas se han pretendido borrar las diferencias propias de sociedades complejas, no homogéneas, atravesadas por todo tipo de condiciones sociales, culturales y económicas diversas. Y en ambas desde el poder, no solo el político, se ha buscado homogenizar lo que por su naturaleza es heterogéneo;