jueves agosto 22 de 2019

De película

Por Augusto León Restrepo

Un Festival es como una celebración, como un encuentro cordial, como una comunión de un grupo de gentes a quienes los une una afición, un arte. Se habla de festival de Teatro, de festival de Poesía, de festival de Cine. Pero resulta que muchas veces estos festivales, por su propia dinámica, comienzan o terminan con discrepancias expresas, espontáneas, libres, que son como el adobo, el sabor, la pimienta que sazona la inclinación acartonada que le imprimen sus organizadores.

Desde hace 59 años Cartagena realiza su Festival de Cine que desde esta versión dejó a un lado su carácter competitivo puesto que la India Catalina ni le quita ni le pone a las películas que la obtienen, según el realista criterio de sus nuevos dómines. Este año entonces efectuó un encuentro mas para iniciados que para cineístas, aficionados al cine como yo, que nos distinguimos de los cineastas porque estos son quienes hacen parte de la industria del cine como directores, productores, guionistas, actores. ¿Estamos?. Los cineístas vamos detrás de películas que no atraen grandes públicos y que no se exhiben en las salas de Cine Colombia, que es una empresa comercial y a la que como tal lo que le importa es la taquilla. Quienes vamos al Festival en este plan somos mas bien pocos. La mayoría de los asistentes son estudiantes de artes visuales, comunicación, escuelas de cine, profesores, actores en ciernes o consagrados, vedettes y quienes aspiran a serlo, críticos trascendentales o jóvenes parranderos que duermen sus guayabos durante las proyecciones.

El espacio me limita el encarrete por lo que es mejor ir al grano. A las siete de la noche estaba programada la inauguración en el Centro de Convenciones Julio César Turbay Ayala. Se esperaba que el Presidente de la República abriera el evento cultural, ante un auditorio que agotó la boletería, pero no llegó. Se apareció la señora Vicepresidente Marta Lucía Ramírez con la Ministra de Cultura, guardaespaldas y séquito, a eso de las ocho de la noche, quien fue recibida por un abucheo casi unánime, mas bien por su incumplimiento, quisiéramos pensarlo, que por su representación oficial.  La Doctora Ramírez quiso exponer lo de la economía naranja en relación con el cine pero su presencia en el estrado fue recibida con silbatina. Incómoda pero intrépida, prolija, interrumpida, terminó su discurso y fue aplaudida con fuerza por la alta y menuda burocracia cartagenera y nacional. Los silbidos fueron ahogados por los aplausos.

Y le tocó el turno a Rubén Mendoza para presentar la película de abrebocas. Mendoza venía precedido de merecido reconocimiento por el éxito de su documental La Señorita María, la falda de la montaña. El cineasta se vino con una intervención de barricada, antigobiernista, contestataria, incorrecta politicamente como se dice ahora, pero que fue aplaudida por las dos tercera partes del teatro. La otra tercera parte emigró en señal de protesta, encabezada por la Doctora Marta Lucía. La película de Mendoza, Niña Errante, fue recibida con tímidos aplausos. A mi modesta manera de ver, pese a una cierta originalidad del argumento, que desde luego no lo voy a contar, incurre en cierta monotonía y en escenas íntimas forzadas que le hacen perder ritmo y soltura.

Pero no nos quedemos solo en la anécdota. De destacar, la presentación escrita del innovador Festival por parte de David Aljure, Director Artístico, “Libertad y desobediencia”, cuya lectura recomiendo a los cineastas. Y unas cinco películas que llenaron nuestras expectativas: Monos, dirigida por Alejandro Landers, “nacido en Sao Paulo pero criado entre Ecuador y Colombia”, una gran producción con imágenes sobrecogedoras y mensaje agesivo que invita a la reflexión. Volver a recrearnos con las actuaciones de Marlon Brando y Evaristo Márquez, el actor colombiano, en Quemada, bajo la dirección de Gillo Pontecorvo,   su ambientación, fue un verdadero festín visual y memorioso. Un Remanso: Good Morning”, producción libanesa francesa, un himno a la intrascendencia, interpretado por dos ancianos. “El Peral Salvaje”, del bien hecho cine turco que nos plantea el drama de una vocación literaria en busca de editor, con actuaciones magistrales, y una modernísima película de dibujos animados, Rubén Brandt, Collector, húngara, fascinante por sus recursos y su trama envolvente. Siempre será grato volver a Cartagena por estas calendas.

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