domingo junio 16 de 2019

La minga. La minga nacional…

Augusto León Restrepo

Duelen las muertes que se han presentado en el sur del país donde hay un cierre de carreteras que completa tres semanas. Los indígenas organizaron una minga que por lo sorpresiva y táctica, ha favorecido sus aspiraciones de hacer visibles los incumplimientos inveterados que por parte del Estado se han presentado y que a este gobierno de Duque le corresponde responder por ellos. Esos compromisos escritos, firmados, acordados, se supone que discutidos y aprobados con potables argumentos y aplaudidos en su hora, están sobre la mesa en busca de realistas soluciones. Y pacíficas. El asesinato del soldado Boris Aléxander Benítez por un francotirador, debe esclarecerse sin dilaciones. De igual manera, la causa de la explosión en el resguardo de Dagua, zona rural, en el Valle, que ocasionó ocho muertes. Solo se sabe el nombre de una de las víctimas: el del estudiante de Arquitectura de la U. del Valle, Jonathan Landínez. Numerosos heridos se han presentado en los enfrentamientos habidos entre los agentes del estado y las filas de los manifestantes. Gobierno e indígenas, hablan sobre posibles soluciones en medio de los disturbios. Como que este ha sido y será, desde hace largos años, el estilo para adelantar las ententes entre las partes en disputa.

Razones de una y otra parte, para mantenerse en sus radicales posiciones, hemos escuchado a porrillo. Las podemos sintetizar en que los indígenas aducen para mantener los mecanismos de hecho, el incumplimiento manifiesto de los gobiernos, de éste y todos los anteriores, de compromisos consagrados en mas de mil quinientos acuerdos. El gobierno actual, por su parte, ha dicho a través de sus voceros en una mesa que funciona para buscar soluciones, que lo que prometieron sus antecesores es inviable y que los indígenas deben aterrizar sus pretensiones. Y en esto llevan veinte o más días.

Y la ciudadanía mira atónita y temerosa el desarrollo de este enfrentamiento sin que haya soluciones a la vista. Que el Presidente debe hacerse presente en ese territorio para hablar con la minga. Que no. Que solo iría, una vez se levante el bloqueo de la carretera panamericana. Y en éstas andamos hasta hoy. Mientras tanto, no solo está en juego la economía del país. Las pérdidas son monumentales. Ojo. Está en grave peligro la vida de muchos colombianos, del pueblo, que de pronto terminan ofrendándolas en enfrentamientos violentos por parte de las fuerzas del Estado y de actores armados, ajenos a la minga, queremos creerlo, que pueden aprovechar la situación para desestabilizar al Estado y tratar de imponer a la fuerza republiquetas narcos o subversivas.

En las conversaciones no se ha vuelto a mencionar el tema de los muertos, nueve, que se han presentado en estos veinte días. Como siempre, se anunciaron investigaciones. Nada se sabe sobre el hecho del asesinato del soldado del Esmad. Ni de las víctimas de la explosión en territorio de una zona indígena. Pareciera que el tema de la muerte y de las víctimas, fuera adjetivo y no sustancial. Pero, si algo es indispensable para generar confianza entre las partes, es saber la verdad sobre como acontecieron las circunstancias letales en que perdieron su vida estas nuevas víctimas de nuestra violencia inveterada. Para que no se repitan. Para que no se aumente el inventario de inútiles muertes, que ni siquiera llevan nombres y apellidos que las visibilicen. Que no se ensangrenten las protestas sociales.

La gran responsabilidad que tienen en sus manos las partes en discordia, es la de mantener los diálogos en medio de las refriegas y los enfrentamientos. Los colombianos somos conscientes de la gravedad de lo que acontece y por consiguiente todos a una debemos exigir soluciones prontas y pacíficas y presionarlas de forma explícita. El Congreso, los parlamentarios de las regiones a las que afecta en forma directa el desarrollo de la minga, invitados o no invitados, deben movilizarse con sus iniciativas para buscar diálogos y entendimientos. La Iglesia, de igual manera. Y los organismos internacionales. Entiendo que la ONU tiene observadores en la región, consciente del peligroso clima que allí se respira. En donde cualquier cosa puede suceder. No crean. Una minga nacional nos conduciría al caos, a inimaginables consecuencias. Y el palo no está para cucharas. Ni es la hora de cortar orejas, Pedro, estando el país como está. Como estamos.

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