miércoles agosto 10 de 2022

Avasallado

Por Augusto León Restrepo

Quisiera alcanzar la mayor coherencia posible en el contenido de la presente columna. Voy a intentarlo. Dirán ustedes que a qué se debe la advertencia. Y se los voy a explicar. Escribo después de haber obtenido, a través de la televisión, los diarios y la radio -como los de mi generación, mantengo prendido un radio- la información sobre la actualidad, sobre lo que acaece en el país y en el mundo, en diversos tópicos, los que trae un periódico o un diario digital, para nutrir de temas mi comunicación con quienes se asoman a esta ventana de opinión. Y les tengo que confesar, que, como en muchas ocasiones, me siento sobrepasado por los hechos, por los sucesos y los insucesos. Avasallado.

Mi intención inicial era escribir unas notas aproximadoras a los textos que han comenzado a emitir por los medios electrónicos los integrantes de la Comisión de la Verdad, a cuya cabeza está el sacerdote jesuita Francisco José de Roux Rengifo, para celebrar su difusión y glosarla, pero no me alcanzó el tiempo para leer su contenido global. Quedarán en el congelador. Pero, en el mientras tanto, quiero consignar que se avecinan, como amerita su trascendencia, pugnaces y descalificadores anatemas y también ditirambos y aserciones elogiosas por parte de fuerzas que participaron en la historia ignominiosa como actores principales, pero que quieren eludir su responsabilidad criminal. Me refiero en específico, a las guerrillas y a los paramilitares.

Habíamos adelantado algo, en éstas estábamos, cuando surgieron unos hechos violentos en otros meridianos, que no podíamos pasar por alto.  Los colombianos fueron elogiados de parte nuestra y de la comunidad internacional, por su pacífico desempeño en los comicios que condujeron a que se conformaran el congreso y el gobierno para los nuevos períodos constitucionales, y del tránsito ejemplar que se dió, de la realidad duquista a la esperanza petrista, después de peloteras y guachafitas más propias del metaverso que del mundo real, lo que nos equiparaba con el país ideal, Dinamarca. Cuando, ¡zuáquete!, la noticia. En Dinamarca, en su capital, Copenhague, se presentó una balacera en su principal centro comercial, Field´s, que dejó un saldo de tres muertos y cuatro heridos graves. En Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla, que yo recuerde, no se han presentado estas balaceras, que hay que enfatizarlo, son pan comido en los Estados Unidos, país al que también miramos como modelo a seguir. Aquí nos matamos graniaditos. Algo va de Dinamarca a Cundinamarca.

Pero viene lo grande. Quien que hubiera visto el asesinato a quemarropa  del exprimer ministro del Japón, sucedido el viernes anterior inmediato,  Shinzo Abe, en la ciudad de Nara, en medio de una campaña política para las elecciones de hoy domingo, no memoró el magnicidio de Luis Carlos Galán, hace 33 años, en Soacha. Las circunstancias, muy semejantes. A los líderes cívicos y políticos, aquí, los posteamos en las ruralías y en los municipios del país ignoto, casi a diario. Pero ¡ojo!  Si en el Japón, donde está prohibida la venta de armas y que desde hace quince años solo ha registrado 14 muertes relacionadas con armas de fuego, se presentan estos hechos, qué podría decirse de aquí, que allí no más en San Victorino se consiguen desde metralletas hasta escopetas de fisto, como si se compraran confites. Shinzo Abe, recibió heridas mortales por parte de Tetsuya Yamagami, quien las propinó con un arma hechiza y por móviles que se desconocen con claridad. Todo indica que el problema no está en el arma que se utilice sino en el individuo que la manipula.

Si ven por qué, ¿la coherencia es tan difícil?. La realidad nos atropella…

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