miércoles agosto 10 de 2022

Claro que es con tierra pero no solo con tierra

31 julio, 2022 Opinión Juan Manuel Ospina

Juan Manuel Ospina

Vivimos en tiempos de egoísmos exacerbados, expresión máxima de la libertad individual colocada por encima de cualquier consideración de solidaridad o afinidad con los otros; aunado a un egoísmo de grupo, bien diferente de la identidad de clase de los tiempos anteriores, nacida de las relaciones económicas y de explotación de la «lucha de clases»; las identidades hoy son más profundas, con raíces en la historia, la cultura, la etnia, el regionalismo/nacionalismo, el género y la orientación sexual… Ya no es solo la atomización individual, ahora es también grupal.

Ambos egoísmos dificultan y aún impiden la sustentación de la vida social, que requiere elementos comunes, aceptados y compartidos, que operan como la argamasa social que sostiene al edificio de la sociedad. El conflicto, la diversidad, el choque y la confrontación de intereses son constitutivos de una vida social libre y democrática y exigen el espacio para expresarse y coexistir; el unanimismo, la homogeneidad social no es consustancial con ella y expresaría la existencia de un poder autoritario y en el límite totalitario, empobrecedor de la vida de la sociedad en todas sus dimensiones.

Hoy se expresa en Colombia y en América Latina de una manera diáfana y políticamente significativa, el reclamo histórico por la tierra americana que hacen los pueblos originarios, al grito de restitución de la tierra para nuestros pueblos; merecemos más tierra. Su propósito parecería ser acabar con quinientos años de despojo. Por su parte, las negritudes reclaman que les devuelvan el respeto y reconocimiento de sus vidas individuales y colectivas de las cuales fueron despojadas violentamente por la esclavitud, dejándoles una herida que el tiempo no ha borrado.

Son reclamos que nacen de situaciones históricas ciertas que necesitan ser inscritas en los contextos de la realidad presente y no en los de hace quinientos años. Desde entonces, mucha agua ha pasado bajo el puente y el mundo es otro. La historia no da marcha atrás, pero la realidad puede transformarse gracias a una acción colectiva, pública si se quiere, que combine virtuosamente elementos históricos y realidades contemporáneas.

Un ejemplo claro para entender esta situación es lo que se ha vivido en el suroccidente colombiano y que parece que continuará, con las invasiones de tierras por organizaciones y mingas indígenas. En el Cauca, las tierras de resguardos son ya el 45% del total y reclaman más. Esas acciones no solo enfrentan a los indígenas con los propietarios de las tierras, que no todos son latifundistas, también con las comunidades negras que reclaman territorios colectivos, y los campesinos que igualmente se sienten amenazados y en ocasiones acorralados por la presión indígena sobre una tierra limitada, poblada y trabajada por grupos que también tienen derechos, que si no son originarios – un dato histórico -, si son legítimos – un dato fáctico actual -. En las primeras escaramuzas, aún antes del 7 de Agosto, ya se reportan roces entre indígenas y obreros de los ingenios.

Es indudable el significado fundamental de la madre tierra para las culturas indígenas, pero en sociedades con la magnitud de la actual población de Colombia, tanto en cantidad como en diversidad, es imposible pensar que se pudiera regresar al mundo precolombino. La restitución como la plantea el discurso indigenista no tiene cabida en el mundo actual. Es necesario que los indígenas y sus comunidades no solo busquen tener cada vez más tierra, a costa de los otros sectores poblacionales que también tienen derechos y necesidades, sino que sus tierras tengan la capacidad de sostener dignamente a una población creciente en su número y en sus reclamos, pues no viven en el siglo XVI sino en el XXI. Un tema delicado socialmente que no puede ser abordado ni de manera populista – todo para los indígenas y los demás que se frieguen – ni autoritaria, desalojando los invasores de tierras a sangre y fuego si es necesario. Es fundamental caminar por la delgada línea que permita encontrar el punto donde todos ponen y todos ganan, entendiendo que la cuestión y por consiguiente la solución va más allá del simple reparto de tierra. Claro que es con tierra pero no solo con tierra.

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