La onda expansiva de un triunfo
Con tímida sonrisa, en discurso corto, elaborado, el campeón Egan Bernal instaba esta semana al sublevado pueblo colombiano, a recuperar la cordura y a “hacer el amor y no la guerra.”
Con tímida sonrisa, en discurso corto, elaborado, el campeón Egan Bernal instaba esta semana al sublevado pueblo colombiano, a recuperar la cordura y a “hacer el amor y no la guerra.”
La exclusión de james Rodríguez, de la selección nacional, genera un quebradero de cabeza para entender razones, decisiones y aceptar soluciones.
Selección Colombia: sueños y pesadillas.
No fue fácil, para Colombia, salir del embeleco de la Copa América. La dirigencia aún llora su partida. Se había anunciado como fuente de reactivación económica y fórmula milagrosa para sofocar los conflictos.
Que las balas tronaban en las calles y, al tiempo, rodaba la pelota en los estadios, dicen los periodistas argentinos, con gestos adustos y discursos melindrosos, teñidos de falsa solidaridad.
Empiezo por reafirmar que no soy indiferente, ni tomo distancia, con el país en crisis. Que me gusta marchar. Que estoy vacunado, pero siento temor. Rechazo, rotundamente, la tendencia maniqueista de dividir los conflictos y sus actores entre buenos y malos, en azarosa dicotomía.
Bohemio puro, futbolista genial. En él, una copa y un balón. La noche lo sustrajo de las canchas, donde brilló a pesar de las interrupciones de su carrera; su gambeta embelleció el juego. Futbol arte, tranco largo, inteligente pase, y gol.
El tiempo ha demostrado que, aunque celebrada con júbilo, por lo luchada y legítima, la Copa Libertadores que tituló al Once Caldas, dejo secuelas poco reconfortantes. Hay quienes creen que alguna maldición tuvo aquella conquista. La peor víctima el profe Montoya quien hoy, inmóvil, es ejemplo de vida.
Así la copa Libertadores siga su camino, con las trabas de la pandemia; se prepare, con freno de mano, la copa América, o ingrese en los tramos de cierre el torneo local, en medio de polémicas.