La columna más aburrida del mundo
Ahí estaba yo, con mi esposa y mis dos hijos, en la puerta de la casa. Y mis vecinos alrededor. Asustados. Moviéndonos al vaivén de la tierra y acosados por sirenas y alarmas. Impotentes. Esperando lo peor. No sucedió nada grave para nosotros. Minutos después entrábamos a casa y eso marcó la diferencia con cientos de miles de colombianos, que no pudieron regresar a sus hogares o sitios de trabajo.










