Un olvido imperdonable
Observar el desplazamiento del tren que viajaba por encima de los rieles, era el placer de muchos niños bogotanos. Escuchar su traqueteo para examinar de lejos la trompa de la locomotora, era otro reto, quizá el más placentero, porque antes de que la máquina frenara en seco en la estación correspondiente, los niños ponían encima del hierro las tapas de gaseosa que guardaban












