¡Ayyy, Bogotá! Cuanto te quiero
La nevera inundada y yo, claustrofóbico, con mi carro por cárcel durante 13 horas, en una celda pequeña de dos metros por dos y medio, sin sanitario, sin cama, con los pies recogidos. Todo empezó cuando de repente se ensombreció Bogotá como preámbulo del desastre.












