Una amenaza Sólo una vez en mi vida me habían amenazado de muerte.
Fue un ladrón con la cara acechante de los bazuqueros. De manera franca, se arrimó a la ventanilla del carro donde esperaba a un amigo y me pidió las llaves apuntándome con una pistola. El temor me hizo acelerar, en un desplante que fue sobre todo un acto de cobardía. Su reacción fue un disparo que quedó instalado como un quemón en el tablero del carro, cerca al radio.








