Cada partido, una historia
Por su condición de ídolo, James Rodríguez despierta malquerencias y amores desbordados. Simpatías y rechazos, en juicios públicos sin garantías, porque son apasionados. Hay que admitir que “el 10” es distinto. Fue su zurda de seda, en su tenaz búsqueda de un camino, con precisos pases, la que destrabó el enredado partido ante Qatar.












