Edición 382 de EL MURO DE PATA.N
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Ganó el Madrid con sus estrellas refulgentes, con fútbol demoledor, autoridad con calidad, diferencia humillante y goles magistrales. Perdió Colombia por James en la tribuna, ignorado en los planes estratégicos del entrenador; y por Cuadrado, con su expulsión a 12 minutos de ingresar, ligereza incluida del árbitro.
El mundo quedó perplejo esta semana cuando se anunció que el presidente Trump había tomado la determinación de retirarse del acuerdo climático de París y se quedaron perplejos porque la nación más grande del mundo había cometido el error más grande del mundo porque más que mover la economía, tomar medidas en lo que tiene que ver con el calentamiento global
Por lealtad con los pocos o muchos de los lectores de la columna que suscribo, debo contarles las reacciones políticas y personales que suscitó la que titulé De la Calle a Palacio editada en este diario virtual, publicada en el diario La Patria de Manizales y reproducida en algunos otros medios escritos y digitales. Como manifesté que yo estaré en la militancia de quienes consideran que para suerte y el bien de Colombia
Tengo un par de corresponsales que van a descartar lo que sigue, diciendo que pienso con el deseo, y dadas las sorpresas mayúsculas que nos trajo 2016, tomo nota. Nada es imposible cuando de electores emberracados se trata. Pero no por haber visto locuras puede uno descartar la razón y empezar a pensar, no ya con el deseo, sino con el miedo y el desconcierto.
Los sucesos desafortunados que dejaron miles de víctimas y damnificados por causa de las lluvias y las inundaciones en Colombia, han movilizado la solidaridad nacional e internacional. Personas, gobiernos y fundaciones han brindado esfuerzo y recursos orientados, en esencia, a la reconstrucción de lo perdido, la recuperación de lo afectado y el sustento de los sobrevivientes.
Tenía 16 años cuando leí ‘Cien años de soledad’. La leí porque quería sacar mis propias conclusiones, ya que había escuchado comentarios adversos. Así me encontré hipnotizado en las primeras líneas con el día en que el niño fue a conocer el hielo, y, en adelante, todo me resultó encantador. Ya sabía que era el mismo autor de ‘La hojarasca’ y ‘El coronel no tiene quién le escriba’, libros que me habían gustado.
Otra vez el llamado síndrome del arponero: primero reclaman para que lo agarren y después claman para que lo suelten. Hablo de las medidas de la Dimayor tras los desmanes de las barras en el Pascual Guerrero. Comparto la protesta por haber tratado de excluir a los medios (radio, prensa y TV), pero en lo demás estoy de acuerdo.
Recogido, sentado y vencido. Sin voz, con ademanes nerviosos y al borde del llanto. Así estaba Gustavo Costas, flamante técnico de Santa Fe, después de la humillante eliminación ante Alianza Petrolera.
Todo parece indicar que los colombianos tenemos que soportar la desfortuna de los hacinamientos en las cárceles del país, en el sistema masivo del transporte de Transmilenio en Bogotá y en los hospitales y clínicas del sistema adscritas a las EPS.