No es pan comido…
Empecé a enfrentar las cuestas regionales hace 25 años, convaleciente de una lesión de rodilla que desde aquella época amenazaba con retirarme del fútbol. Subí a “Patios” con regularidad, a la Calera y al alto “El vino”, en los alrededores de Bogotá. También desafié la trepada a Letras, hasta la región de Sabinas, en Manizales.












