miércoles noviembre 25 de 2020

No siempre los goles son amores, también son buenas razones

07 junio, 2014 Fútbol

Por Alejo Vallejo B.

Jugar al fútbol, antes que todo, es disfrutar de las múltiples satisfacciones y oportunidades de goce estético que el movimiento del balón, conducido sabiamente por los protagonistas, genera y produce teniendo siempre presente la oposición de los rivales dentro del terreno de juego. Este espíritu de lúdica se ve recompensado con las anotaciones o goles que no siempre expresan o condensan las emociones psicológicas en concordancia con los resultados proyectados en un pizarrón.

Contra Senegal, observamos contentos un primer tiempo, donde realmente hubo un disfrute del juego y los televidentes gozamos del espectáculo que nos ofrecieron nuestros compatriotas en la cancha del Gasómetro en Buenos Aires. Contra Jordania, salvando el resultado final 3-0, los jugadores nuestros no lograron igual desempeño en la etapa inicial y no encontraron el ritmo pese a la oposición que quiso copar los numerosos espacios en la mitad de la cancha. Y en realidad estorbaron los jordanos y quisieron aprovechar, en un par de ocasiones ofensivas, el papayazo servido ante la falta del buen fútbol nuestro, el que no aparecía y que se desgrana cuando opera bien aceitado el engranaje.

Si bien el penal ejecutado por James Rodríguez en el minuto 41 aportó un poco de calma y colocó el marcador 1-0, no era suficiente ante una expectativa que se dilataba. Colombia no encontraba la identidad aún esquiva y que esperábamos ver ante un rival de poca figuración. No aparecían los desbordes. Ibarbo penetró y generó un cobro desperdiciado en la boca del área de candela. Y otra incursión de Guarín acabó precipitando la imprudencia del defensor asiático para el cobro del penal.

Los cambios efectuados por Pekerman, entrando a Cuadrado por Rodríguez y Ramos por Teófilo, aportaron en parte los ingredientes necesarios para aumentar el poder ofensivo de Colombia. Aparecieron los pases largos, en profundidad, queriendo capitalizar los vacíos y aprovechar la ventaja en velocidad de las piernas largas y el regateo de cintura, que mostró su poderío en unas pocas ocasiones. Apareció un mayor dominio de las acciones en los terrenos centrales. Una de aquellas jugadas, por el centro del escenario en la ruta de los máximos castigos, fue prodigiosamente conquistada por Cuadrado desde los doce pasos para el 2-0.

Más allá de la madeja enredada que brindaron las piernas incansables de los jordanos, la selección tricolor demostró que tiene poder de explosión desde fuera del área, y otra vez fue Guarín, desde la misma distancia donde anotó contra Venezuela en las eliminatorias, quien nos brindó la nueva alegría consiguiendo el tercer tanto para la victoria definitiva. Muchos goles de factura maravillosa podrían conseguirse si los buenos rematadores se decidieran a disparar desde media distancia, prefiriendo renunciar al placer de romper los anillos que protegen el área chica, y provocando en otros pasajes iguales generar rebotes que los goleadores empedernidos saben cazar a la hora de la verdad.

Quizás el anuncio definitivo de la salida de Aldo Leao Ramírez, cuando ya estaba incluido en la nómina de los 23 elegidos, una vez lo permita la dirigencia de la FIFA como caso de excepción, supere el estado fantasmagórico que rodea a la selección. La recuperación de la confianza y el autoreconocimiento colectivo de las excelentes capacidades y facultades para jugar al buen fútbol, por encima de las ansiedades y las falsas urgencias por conseguir resultados rápidos en la pizarra, permitirá a los once gladiadores en contienda, primero, gozar de la ocasión de disputar un evento mundial que no se realiza sino cada cuatro años, y segundo, disfrutar de los placeres del triunfo –cuando a la diosa de la victoria la acompañe el buen genio- sin que ello se les suba a la cabeza y terminen por embriagarse de dicha con pérdida subsecuente del juicio.

Esperamos con sana emoción la hora del primer encuentro contra Grecia el próximo sábado. Los dioses estarán a nuestro favor así como lo hicieron con Nairo Quintana y demás pedalistas colombianos en Italia, y como lo estarán el domingo 15 cuando nos iluminen para aprovechar la democracia en la elección del nuevo jefe de estado. Por todo ello, deseamos la mejor de la suerte y el más prolífico desempeño a la Selección Colombia. No siempre los goles son amores, también son buenas razones, o viceversa.

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