El Ojo del Halkón Esperamos un año mejor
Hace algunas horas terminó el 2020, un año atípico, un año con altibajos, un año que llenó de terror a la humanidad con la llegada de la pandemia llamada Covid-19 o simplemente Coronavirus.
Hace algunas horas terminó el 2020, un año atípico, un año con altibajos, un año que llenó de terror a la humanidad con la llegada de la pandemia llamada Covid-19 o simplemente Coronavirus.
En varias ocasiones, a través de mis columnas de opinión, he sido crítica y muy dura, en varios aspectos del gobierno del presidente Iván Duque Márquez.
Este año al igual que todos los anteriores se celebra como es tradicional las festividades decembrinas y el advenimiento de una anualidad 2.021 y para nadie es un secreto que en éste espacio cronológico, se exacerban los ánimos, se desbordan las emociones y se da rienda suelta a sentimientos de pasión
Quizás todos los mayores de 30 años en Colombia tengamos una foto impresa que nos dé un poco de pena. Es posible que esa foto repose en un álbum de recuerdos de nuestros padres y que en ella se vea un niño desnudo,
Se comete un delito y casi siempre la decisión judicial es: «El delincuente no es un peligro para la sociedad», se le concede innumerables beneficios, entre ellos, la restricción domiciliaria o casa por cárcel; es otorgada fácilmente ya que no existió flagrancia en la conducta punible,
Son numerosas las especulaciones de carácter político que se han venido generando en los últimos días del caótico 2020 sobre las elecciones presidenciales del año 2022.
La llegada de la pandemia del Covid-19 puso a prueba la democracia en el año 2020 y dejó una profunda huella en Colombia y América Latina. La democracia tendrá en las próximas décadas huellas para el ejercicio de ciudad y ciudadanía
¿Cuántas veces hemos oído estas frases? : «Ese, esa habla mucho y no hace nada» o «Esa, ése es puro bla, bla, bla» o «Esos hablan mucha cháchara» .
Legado no dejó Queiroz. Al contrario, un vestuario fracturado, con déficit en puntos, desconfianza y enojo de los aficionados con los jugadores referentes por las humillantes caídas, y críticas para los dirigentes por el capricho engorroso de contratarlo.
No muere el futbol con Maradona, como afirman los hiperbólicos argentinos. Al contrario, es tan fuerte y dominante en sus estructuras pasionales, que no ha sucumbido al egoísmo de los dirigentes, a la violencia, a los futbolistas tramposos y a los mercaderes de talento, como explotación humana.