El sello Bodhert
Hace un año el Once Caldas domesticaba a sus rivales, gustaba y sumaba en la tabla, para tranquilidad y jolgorio de sus seguidores. Hoy no se sabe si juega al despiste o si su técnico está despistado. Costumbre se ha vuelto, en cada partido, regalar un gol, ceder un tiempo, terminar entre zozobras con derrota, o complicar el camino con relevos que no aportan soluciones al juego.











