lunes noviembre 23 de 2020

LA BARCA DE CALDERON

18 noviembre, 2013 Opinión William Calderón Z.

William Calderon

Por William Calderón

Alerta! Insólito! Increíble!

Porque el escandaloso episodio lo amerita, recurrimos a los tres llamados que solía hacer, por la radio, el popular médico y locutor bogotano Cristóbal Américo Rivera para presentar una noticia sui géneris.

Resulta inconcebible que no haya recibido en los medios el despliegue que merece el hurto de los archivos del presidente de la sala disciplinaria del polémico Consejo Superior de la Judicatura.

El ilícito hubiera causado verdadera conmoción en otro país que entendiera la gravedad de lo que acaba de pasar en el epicentro de la justicia colombiana. Pero no: pasó tan rápido como si alguien se hubiese llevado un rollo de papel higiénico o una toalla.     

Unos interrogantes

Se pregunta el colombiano de a pie cómo es posible que ocurra semejante incursión, sin que nadie la notara, siendo el Palacio de Justicia el edificio público más seguro y vigilado de Bogotá, al que  solo se puede ingresar con tarjetas magnéticamente codificadas; dotado de cámaras en su periferia de acceso, red que incluye  todos sus entornos, parqueaderos, escaleras, ascensores, pasillos, baños y en los mismos despachos y una sola puerta habilitada como filtro a los visitantes, con su respectivo “huellero” y visitante con foto incluida.

Más preguntas

Se le vienen a la cabeza al más desprevenido de los transeúntes estos interrogantes: ¿cómo se logró vulnerar la seguridad de semejante fortaleza considerada inexpugnable hasta para héroes del celuloide como Supermán, Batman, Macgiver y el Hombre Araña? ¿Trajeron a Bogotá, sin que nos diéramos cuenta, al equipo de “Misión Imposible” para burlar el equipo de seguridad del Palacio de Justicia que costó millonarias sumas de dólares? Qué pasó con los encargados de los  sistemas de control, incluido el personal uniformado y de seguridad privada? Nadie sabe da respuesta.

Preguntas del  millón

¿Por qué solo  se ha sabido  del asalto a la oficina del presidente de la sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, pero no han trascendido los detalles?

¿Será así de vulnerable el que ha sido considerado el edificio público más seguro del continente americano?

¿Podría así pensarse en    un nuevo ataque a tal inmueble toda vez que fue posible el asalto y saqueo a la oficina del presidente de una de las salas que poseen informaciones privilegiadas?

¿Es posible que –sin violar la reserva del sumario– se sepa si las cámaras registraron o no el subrepticio ingreso y egreso de los asaltantes al emblemático Palacio?

¿Por qué se vino a conocer el grave episodio  varios días después de un largo “puente”?

Superados

Con su incursión (probablemente ayudados desde adentro quién sabe por quién o quiénes) los invisibles visitantes del Palacio de Justicia superaron a los ladrones de los bancos de Pasto y Valledupar y a los guerrilleros del M-19 autores del cinematográfico robo de las armas almacenadas en el Cantón militar del Norte. 

Podemos concluir que la seguridad jurídica no solo se ve amenazada por las doctrinas romosinuanas de las que habla el jurista Carlos Villalba Bustillo

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