lunes noviembre 30 de 2020

Dignidad en venta

03 diciembre, 2013 Opinión Cristian Valencia

Por: Cristian Valencia

Que las semillas sean privadas es el mecanismo que tienen algunas compañías del primer mundo para hacerse con el control del agro sin necesidad de tener tierra.

ICA. Resolución 970 de 2010: “Por medio de la cual se reglamenta la producción y comercialización de semillas para siembra en el país y se dictan otras disposiciones”.

Qué miedo.

No importa qué tipo de modificaciones le hagan a la resolución. Mientras el postulado principal trate de reglamentar la producción, uso y comercialización de las semillas, los campesinos colombianos estarán al borde de la ilegalidad. Es decir, de la quiebra. La famosa resolución salió a flote durante las protestas campesinas de este año. Si los campesinos no hubieran parado, nadie se hubiera enterado de semejante golpe al agro nacional.

Debido a la exposición pública de semejante desatino, el ICA decidió hacer una consulta pública sobre la resolución 970. Pública es un decir, porque solo aparece por internet en la página oficial. Y uno debe saber harto de navegación en la web para encontrarla. No creo que sea un mecanismo idóneo para que opinen los campesinos, que son los principales dolientes.

No importa qué tantas modificaciones le hagan, la resolución 970 atenta contra el campesinado colombiano y atenta contra la seguridad alimentaria de todos. No se sabe a quién protege. No es muy claro. Pero, a juzgar por los requisitos técnicos que tienen que tener quienes manipulen semillas, bien sea para siembra, o bien para la producción, no es precisamente a los agricultores colombianos.

Que las semillas sean privadas es el mecanismo que tienen algunas compañías del primer mundo para hacerse con el control del agro sin necesidad de tener tierra. Es una bonita figura para países sin tierra. Nosotros pagamos por la conservación de la tierra, pagamos las guerras por el territorio, pagamos por la maquinaria, pagamos el elevado costo de los combustibles, pagamos la seguridad social de los campesinos, la inversión en educación (si la hubiere) y las inversiones en vías de comunicación. Pagamos todo, para que unas cuantas compañías nos vengan a decir que debemos pagar por la semilla porque les pertenece. Es decir, ellos no pagan nada pero nos cobran, porque nos dejamos patentar las semillas. Lo de siempre: nos dejamos meter los dedos en la boca a cambio de que nos metan los dedos en la boca. El gana-gana de los países desarrollados. El pierde-pierde de países pobres sin dignidad; peor aún: con la dignidad en venta.

Creo que los colombianos estamos hartos de ministros y ejecutivos que vienen a enrostrarnos maestrías en universidades de Estados Unidos o Europa, porque parece que pierden la perspectiva de país: se dejan convencer de una visión de futuro que, obviamente, les favorece a los países ricos; y, obviamente también, nos excluye como protagonistas serios y capaces de ese nuevo orden mundial que se está montando.

Colombia puede ser grande si reconocemos y protegemos la enorme biodiversidad del territorio, si reconocemos y protegemos el potencial hídrico y si reconocemos y protegemos el potencial agrario. Esos serán los grandes capitales del futuro. Los países desarrollados lo saben y reconocen sus carencias en ese sentido. Los países subdesarrollados lo saben también, y sus dirigentes ponen en venta cada tanto los recursos naturales. No creo que se trate de ignorancia; creo que se trata de corrupción: nuestro peor enemigo.

La resolución 970 no puede implementarse en Colombia. Estaríamos jugando el juego de enormes emporios alimenticios mundiales, en contra de nuestra enormísima posibilidad de posicionarnos en el mundo como una de las grandes despensas del futuro.

No estamos hablando de hoy. Estamos hablando del futuro. Porque el futuro se está jugando en estos momentos.

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