viernes noviembre 27 de 2020

Presidente Santos garantiza libertad de cultos

31 enero, 2014 Generales

Presidente Santos participó en el aniversario de la Iglesia ‘Casa sobre la Roca’. Foto: Javier Casella – SIG

El Presidente de la República, Juan Manuel Santos, aseveró este jueves que en su calidad de Jefe de Estado, garantiza la libertad de cultos como lo ordena la Constitución Política.

Así lo afirmó el Mandatario, al intervenir en el homenaje al Pastor Darío Silva, presidente de la Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

El Presidente recordó que la Constitución no solo consagra la libertad de cultos, sino que “eliminó el concepto anacrónico de religión de la Nación”.

Y agregó que la Carta Política también señala que todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley.

Dirigiéndose al pastor Darío Silva, quien solicitó que esa libertad no fuera tocada ni con el pétalo de una rosa, le dijo que: “Yo como Presidente se lo garantizo”.

El Mandatario también señaló que el 4 de julio se celebra el día de la libertad e igualdad religiosa, y “eso es algo que es irreversible aquí en Colombia”.

Así mismo, el Presidente resaltó la labor social que cumplen las iglesias.

“Quiero enviarles desde aquí un saludo a todas las iglesias, un saludo cordial, fraternal y de admiración porque la labor que ustedes hacen es una labor necesaria», afirmó.

Por último, el Jefe de Estado subrayó la importancia para una sociedad que “los principios se inculquen, que los valores se aprendan, que las familias se fortalezcan”, que la sociedad aspire a ser cada vez mejor”.

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos durante la celebración del aniversario de la Iglesia ‘Casa sobre la Roca’

 “Qué bueno estar aquí, Darío (Silva), en este homenaje a una persona muy especial. No todo el mundo cumple 75 años de vida, 50 años de periodista y 25 de pastor. Eso no es usual. Y se requiere de una persona muy especial, porque todo lo ha hecho con una gran gallardía, inspirado siempre en unos principios, en unos valores que lo han mantenido en un camino cada vez más provechoso.

Setenta y cinco años, pero parece todavía como ese niño de cuatro años junto a la oveja que vimos hoy, porque la edad es un estado de ánimo, y usted sigue siendo un niño, un niño lleno de ilusiones.

Cincuenta años de periodismo. Esa es también una tarea muy importante, la profesión más linda del mundo, decía Albert Camus, bien ejercida, cuando la ejerce uno con responsabilidad. Es una profesión, además, necesaria, importante. Yo crecí entre periodistas, me formé en el periodismo, pero, como usted decía, en el periodismo bueno. También con principios, valores, defendiendo unos ideales y persiguiendo unos objetivos.

Ejercido en forma responsable, el periodismo también contribuye enormemente el progreso, a que las sociedades sean cada vez mejores.

Y 25 años como pastor. Como un pastor que está inspirando a sus comunidades. Comenzó, tengo entendido, con 72 miembros de la Casa sobre la Roca y hoy tiene 32 mil o más. Eso dice qué clase de pastor es. Lo felicito. Y esa inspiración. Por eso digo que se mantiene como un niño. Es lo que todos necesitamos, porque nos da ese aliento para seguir adelante.

Yo también cuando me posesioné como Presidente me inspiré, Dios me ayudó a inspirarme, y vi un país lleno de problemas, pero lleno de oportunidades.

Un país que, en cierta forma, seguía encadenado. Cadena que no le permitía avanzar al ritmo que debería avanzar. Por un lado estaba como la cadena de la pobreza, la cadena de la desigualdad, la cadena de la corrupción y la cadena de la violencia, del conflicto.

Y me propuse hacer todo lo posible para ir desencadenando el país, rompiendo esas cadenas eslabón por eslabón, no a punta de martillo sino poniendo en marcha y poniendo en práctica políticas, principios y valores.

Porque también tenemos algo en común Darío y yo: pertenecimos a las Fuerzas Militares. Él fue soldado y yo no estuve en el Ejército, pero estuve en la Armada. Hay una frase que a mí me gusta mucho del Sermón de la Montaña: ‘Como el hombre prudente que edificó su casa sobre la roca, cayó la lluvia, vinieron las tormentas, los torrentes, soplaron los vientos y embistieron contra aquella casa, pero ella no cayó, porque estaba sementada sobre roca’.

Esa roca son los principios y los valores, que son como los mapas o las brújulas cuando uno está perdido. Lo decía la canción. Cuando uno está confundido, acude a ellos y encuentra otra vez el camino.

En la Armada me enseñaron a navegar, y me enseñaron algo diferente pero muy parecido: para navegar bien, hay que tener un puerto de destino. Si uno tiene un puerto de destino, no importan los vientos, no importan los huracanes, uno los utiliza para llegar a ese puesto de destino. Ese es un buen navegante. Y cuando uno no tiene ese puerto de destino, navegar se hace muy difícil. Yo lo experimenté.

Ese puerto de destino es el que quiero para mi país, es un puerto de destino sin esas cadenas, y por eso estos tres años y medio, casi cuatro años de gobierno, nos hemos dedicado, con un grupo extraordinario de gente en el Gobierno y muchos colombianos que nos han venido apoyando, de una u otra forma –usted es uno de ellos, Darío–, a poner en marcha esas políticas que ya están dando resultados.

Con Ricardo Arias, desde el principio, desde la campaña, también identificábamos esos objetivos, ese puerto de destino, esa Colombia que queríamos nosotros construir, y la hemos venido construyendo y hoy podemos comenzar a mostrar resultados, resultados importantes.

En la cadena de la pobreza hemos ido desatando esos eslabones, rompiéndolos, y hemos avanzado como nunca antes: más de 2 millones 500 mil colombianos hemos logrado sacar de la pobreza, y a 1 millón 300 mil de la pobreza extrema.

Esa cadena de la desigualdad, que teníamos como una tendencia perversa de nuestra economía: nuestra economía crecía, pero crecían también las desigualdades, los ricos se volvían más ricos, los pobres más pobres, rompimos esa tendencia perversa, y hoy podemos decir que somos el país que más ha reducido la desigualdad en América Latina en estos tres años y medio, con excepción del Ecuador. Ayer lo hablábamos con el Presidente Correa y los presidentes de América Latina, ayer que estábamos en La Habana.

La cadena del desempleo: nos propusimos poner en marcha una economía que generara empleo. Llevamos 41 meses bajando la tasa de desempleo mes tras mes, sin excepción. Y hoy podemos decir que somos el país de América Latina que más puestos de trabajo ha generado, puestos de trabajo en su mayoría formales.

En estos tres años y medio, logramos la meta de un dígito, así nos lo propusimos en la campaña con Ricardo, pero todavía nos falta mucho camino por recorrer. Todavía tenemos 30 por ciento de la población colombiana en la pobreza, 10 por ciento en la pobreza extrema. Todavía tenemos casi 2 millones de colombianos buscando empleo sin encontrarlo.

Y tenemos también todavía esa cadena, la más pesada de todas, la del conflicto armado, que nos ha desangrado por más de 50 años. Usted decía que no conoce un día de paz, yo tampoco. Ye propuse buscar ese camino que nos condujera a poder decirles a mis hijos, a los hijos de todos nosotros: Les vamos a dejar un país en paz.

Cuando estábamos discutiendo si tomábamos esa decisión, que era una decisión difícil, porque hay algo que es una paradoja, esas cosas de la vida que uno no las entiende bien: hacer la guerra es más popular, hacer la guerra, mostrar cómo uno puede cortar las cabezas del enemigo y decir: aquí estoy triunfando, la gente aplaude; en cambio hacer la paz es mucho más difícil.

Mucha gente me decía: ¿para qué se mete en eso, si usted ha sido tan exitoso haciendo la guerra? Modestia aparte, fuimos muy exitosos. Pero uno no puede hacer la guerra por hacer la guerra. Ningún soldado que se respete, usted fue soldado, puede decir que entra a un combate por el hecho de combatir. No. Todo combate es para conseguir la paz. Y las guerras, si se tienen que librar, son para conseguir la paz.

Por eso cuando tomamos la decisión, sabíamos que estaba el camino lleno de dificultades, que íbamos a tener muchos obstáculos, pero ahí es cuando esa roca, ese puerto de destino, esos principios, esos valores, entran a jugar. Y a pesar de las dificultades, vamos a buscar ese objetivo, que esa cadena que nos ha tenido tan frenados en nuestro desarrollo la podamos romper definitivamente.

Iniciamos la travesía. Una travesía que ha sido difícil, como lo habíamos previsto. Mucha gente no entiende que uno pueda reconciliarse. Mucha gente no entiende que uno tiene que perdonar.

Cuando comenzamos la discusión sobre la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, decían: ¿pero para qué se pone usted a reconocer las víctimas, si eso cuesta mucha plata?

Yo decía: pero, por Dios, reconocer las víctimas y reconocer el conflicto es comenzar a sanar las heridas. Tenemos que comenzar a reconciliarnos después de 50 años de guerra. Tenemos que comenzar a aprender a perdonar. Y esa Ley es una forma de comenzar a sanar esas heridas.

Las víctimas, cuando escucho sus historias, recuerdo muy bien en Neiva, estábamos entregando casas de las que estamos construyendo para los más pobres, y uno de los beneficiarios se me acercó a que le entregara las llaves de la casa –le faltaba una pierna–; le pregunté: ¿qué le pasó? –don José se llamaba–, y me dijo: ‘Presidente, perdí la pierna en el conflicto, en la guerra’.

Y le dije: ‘Bueno, don José, lo siento mucho, pero aquí tiene su casa para que la goce con su familia, y ojalá pueda tener usted, de aquí en adelante, una casa con todas las comodidades que usted nunca ha tenido’. Y me miró y me dijo: ‘Presidente, mi señora y mis dos hijos también los perdí en el conflicto’.

Ese tipo de historias las oigo todos los días. Por eso cada vez que oigo una historia de esas, esa inspiración divina es la que me da más fuerza para seguir adelante buscando la paz.

Porque además hay que integrar todo. Yo le digo a mucha gente: simplemente cierre los ojos y piense cómo sería este país en paz. Si hemos logrado todo lo que hemos logrado en medio del conflicto, si estamos hoy con la inflación más baja de todo el continente, tenemos la economía que está creciendo a las tasas más altas de todo el continente, si estamos creando empleo, si la tasa de inversión es la más alta en medio del conflicto, imagínese lo que podríamos hacer sin ese conflicto. Así nos alimentamos todos los días para seguir adelante.

Yo les agradezco enormemente esta invitación, y esas palabras de perdón y reconciliación, porque si este año es el año del perdón y la reconciliación, es porque va a ser el año de la paz.

Y usted tiene toda la razón, Darío: lo que se firme allá en La Habana eso no es la paz. La paz se va construyendo poco a poco, se va construyendo en nuestras familias, se va construyendo en nuestros corazones, se va construyendo en nuestras comunidades, poco a poco se va tejiendo hasta lograr ese valor supremo de cualquier sociedad, que es el valor de la paz.

Por eso todos los días tenemos que trabajar por conseguirla. Cada uno a su manera, cada uno con sus formas de percibirla y alimentarla. Pero si logramos que todos busquemos esos objetivos, todos estemos de acuerdo en llegar a ese puerto de destino, esa paz no la detiene nadie.

Por eso soy optimista. Soy optimista, porque aquí veo ese espíritu de perdón y reconciliación, ese espíritu de buscar la paz.

Cuando fui a visitar hace cuatro días a Falcao, me vine de Davos, el avión no alcanza a viajar de Zurich, de donde estaba en Suiza, a Bogotá directamente, tenía que hacer una escala en Lisboa. Y dije: por qué no más bien la hacemos en Oporto y vamos a visitar a Falcao. Me dijeron: ‘No, es que ese mismo día lo operan’.

Dije: ‘No, pues, vayamos’. El mismo día que lo operaron, a las dos horas de haber sido operado, llegué a su habitación en el hospital. Y me encontré con un Falcao lleno de entusiasmo, lleno de optimismo. Ya veo de dónde salió.

Y les decía: yo vengo de un evento muy lindo con todos los deportistas del país. Allá estaba Mariana Pajón, Catherine Ibargüen y todos los medallistas y las estrellas del deporte. Estábamos en el Centro de Alto Rendimiento. Y les decía que Falcao les mandaba a decir que mantuvieran ese optimismo, esa esperanza, que era algo tan importante para cualquier sociedad.

Están inspirados. Como usted ha estado inspirado toda su vida, Darío. Eso es una lección de vida, y por eso no me podía perder este homenaje para este gran hombre.

Usted decía que me quería aclarar o contar o informar, como Presidente de la República, que esta Iglesia se ha comportado al pie de la letra, con toda la pulcritud y la transparencia. Sobraba. Yo sabía. No era necesario.

Y quiero aprovechar esta oportunidad, y hablando no como su amigo, que lo soy, me honro de ser su amigo, sino como Presidente de la República, a decirles a todos ustedes y a todo el país, a través de los medios de comunicación, que nuestra Constitución, que juré cumplir, dice muy claramente ¬¬que la libertad de cultos, no solamente consagra la libertad de cultos, sino que eliminó el concepto anacrónico de religión de la nación. Y agregó: todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley.

Y tenga usted la absoluta seguridad que, como usted lo ha pedido, que esa libertad no se toca ni con el pétalo de una rosa; que yo, como Presidente, se lo garantizo.

Usted recordará, doctor Eduardo, ese 4 de julio, cuando se promulgó el Día de la Libertad e Igualdad Religiosa, y eso es algo que es irreversible aquí en Colombia.

Y quiero enviarles desde aquí un saludo a todas las iglesias. Un saludo cordial, fraternal y de admiración, porque la labor que ustedes hacen es una labor necesaria, importante. Porque es esa inspiración, lo que decía la canción –la canción, repito, que la letra me llegó al fondo del corazón, porque eso es lo que necesita una sociedad–, y que las enseñanzas que Dios nos ha dado, que eso se promulgue, que los principios se inculquen, que los valores se aprendan, que las familias se fortalezcan, que la sociedad aspire cada vez a ser mejor. Por eso esa labor de pastores que ustedes hacen.

En cierta forma, la labor de un presidente también tiene algo de pastor. Y tengo que tratar de decirles a mis ciudadanos que sean cada vez mejores ciudadanos, que cada vez tengan esos principios y valores más claros para no perderse, para seguir ese rumbo hacia ese puerto de destino. Por eso admiro enormemente su trabajo, por el bien espiritual de la Nación.

A todos los invito a que juntos, unidos, como debe ser, sigamos buscando esa paz. Ayer le dije a toda la comunidad de naciones de América Latina y el Caribe que aspiraba a que dentro de un año cuando nos volvamos a reunir, usted y yo, Darío, podamos decir que por primera vez vamos a vivir en un país en paz. Muchas gracias”.

Santos exhorta a los colombianos a buscar unidos la paz

Bogotá, 30 de Enero ­_RAM_. El Presidente de la República, Juan Manuel Santos, exhortó este jueves a los colombianos para buscar unidos “como debe ser” la paz.

“A todos los invito a que juntos, unidos, como debe ser, sigamos buscando esa paz”, indicó el Presidente Santos, al intervenir durante el homenaje al pastor, Darío Silva.

El Mandatario señaló, además, que la “inspiración divina” lo fortalece en la búsqueda de la paz, a la que calificó de “valor supremo de la sociedad”.

Y reiteró que al iniciar su gobierno se propuso poder decirles a las nuevas generaciones que se les dejaba un país en paz.

Al recordar un aparte de su intervención este miércoles en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el Jefe de Estado concluyó: “Ayer le dije a toda la Comunidad de Naciones de Latinoamérica y el Caribe, que aspiraba a que dentro de un año, cuando nos volvamos a reunir, usted y yo Darío (Silva), podamos decir que por primera vez vamos a vivir en un país en paz”.

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