martes diciembre 1 de 2020

El libro póstumo del Padre Llano

Contraplano

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Por Orlando Cadavid Correa

El contestatario sacerdote jesuita Alfonso Llano Escobar –nacido en Medellín en 1925– acaba de pactar con un impresor bogotano la publicación de sus memorias, pero supeditándolas a que aparezcan unas horas después de su fallecimiento. El título del libro y el nombre del tipógrafo son mantenidos bajo estricta reserva.

El silenciado columnista dominical del diario El Tiempo, en cuyas páginas cuestionaba el orden establecido, formuló el anuncio de su producción póstuma en el marco de una tertulia celebrada en el Club El Nogal, en el tradicional desayuno dominical del Centro de Estudios de los llamados “Pájaros dormidos”, organización en la que oficia como asesor espiritual desde mucho antes de que el uribismo “reencauchara” políticamente con ese rimbombante título al ex embajador Luis Alfonso Hoyos Aristizábal.

El texto –que ya está en poder del editor de confianza del Padre– llegará a las librerías del país una vez el polémico religioso se haya ido a cuadrar caja con el de arriba, como se le suele aludir graciosamente a La Pelona en el país paisa, donde el clérigo vio la luz primera hace 89 años.

Antes del veto definitivo que le impusieron sus superiores –tema que llegó a ventilarse en el Vaticano— el sacerdote de la Orden de Jesús mantuvo con notable éxito su columna “Un alto en el camino”, con algunas interrupciones, entre 1976 y 2012. Antes de que llegara la suspensión definitiva ordenada por sus censuradores de Bogotá y Roma,  ‘Intermedio Editores’ logró poner en las vitrinas el libro ¿”Por qué callas, Dios mío”?, que Llano resumió en estas diez palabras, en la portada de pasta dura,  para mortificación de sus superiores: ”El sufrimiento humano a la luz de la fe católica”.    

En su destape ante “Los Pájaros”, el “padre Espaguetti” (como lo apodan de puro cariño sus colegas jesuitas) rechazó por infames las acusaciones contra la iglesia católica  y sus sacerdotes incluidas por Gustavo Alvarez Gardeazabal en su reciente libro “La misa ha terminado”. Para el octogenario levita, el escritor vallecaucano “trata de crear una mala imagen de los clérigos que en su mayoría son ejemplares”. Contó que le telefoneó para decirle: “lo que has escrito es muy bajo, no hay derecho. El clero colombiano es modelo  en el mundo”.

A manera de anticipo de su libro póstumo, el padre Llano se ocupó en la tertulia de dos casos puntuales del pasado en las relaciones Iglesia-Estado: 1) En su concepto, el matrimonio de doña Nidia Quintero con el expresidente Turbay fue nulo; no existió por no haber solicitado y tramitado la dispensa  que el tercer grado de consanguinidad les exigía, siendo tío y sobrina. En su sentir, solamente unos hábiles juristas  como el embajador en Roma, Hugo Escobar y su secretario, Manuel Urueta, pudieron lograrlo. 2) El otro asunto: el de la señora Dora Luz Campo, a quien designó el expresidente Alfonso López Michelsen como gobernadora de Risaralda, nombramiento que fue descalificado por monseñor Darío Castrillon, (entonces obispo de Pereira)  armándole tremendo escándalo porque ella era casada y divorciada.

La apostilla: El barquero William Calderón recuerda que el padre Llano fue objeto de una fuerte censura por su columna del 25 de noviembre de 2012, cuando escribió sobre los hermanos de sangre de Jesucristo, cuya historia  han investigado  y publicado en sus libros el teólogo Rudolf Tech (un judío marginal)  y John Meyer, quienes se refirieron a los evangelios de Marcos y de Juan y a los cuatro hermanos del Nazareno: Jacobo, José , Judas y Simón. 

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