miércoles noviembre 25 de 2020

Quino, padre de Mafalda, premio Príncipe de Asturias

21 mayo, 2014 Generales

Quino se alzó con el premio Príncipe de Asturias de Humanidades y Comunicación, en el mismo año, 2014, cuando se celebran, en septiembre, cinco décadas de la creación de Mafalda, ícono de la cultura popular

Ricardo Rondón Ch.

La Pluma &La Herida

La noticia del galardón, uno de los más importantes del arte y las letras hispanas, no pudo ser más casual y reconfortante, cuando este año se celebran los 50 años de su personaje emblemático, Mafalda, aquella que nos inquietó a preguntarnos desde niños por qué razón teníamos ese nudillo en el estómago llamado ombligo, y a cuestionarnos por qué nuestras mamás, con todo el amor que decían profesarnos, nos sorprendían a medio día con una suerte de argamasa humeante, olorosa a tallos y repollo, llamada sopa.

Maestro del trazo, la reflexión y el pensamiento agudo, Joaquín Salvador Lavado Tejón, nacido en la provincia de Mendoza, Argentina (17 de julio de 1932), el eterno y popular Quino de las caricaturas que de chicos solíamos sonsacar del gordo periódico dominical que llegaba a las manos de nuestro padre, fue galardonado con el prestigioso premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

El jurado, presidido por Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, dejó para la última votación a tres candidatos, entre los que también figuraba el periodista mexicano Jacobo Zabludovsky. Prácticamente todos los miembros del jurado -quince hombres y tres mujeres- reconocieron la «excelente calidad» de la mayoría de las candidaturas presentadas al galardón, tercero de los que concede la Fundación Príncipe de Asturias en esta edición.

El homenaje, representado en 50.000 euros y una reproducción escultórica del artista catalán Joan Miró, quedó esta vez en manos del humorista argentino, que en todos estos años ha alcanzado un reconocimiento orbital de varias generaciones, de la mano de su precoz personaje: Mafalda, nacida de la pluma inteligente y controvertida de su creador, hace cinco décadas.

Influenciado por su tío materno, Joaquín Tejón, admirado pintor y diseñador gráfico, a los 13 años fue inscrito en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires, pero en ese tránsito, de no más de dos años de academia, se dio cuenta que sus pretensiones no estaban encaminadas a ganar fama y reconocimiento como artista plástico, entre caballetes y paletas; así que decidió proyectarse al dibujo de humor.

Comienzos difíciles, a los 18 años, cuando a juro logró un cupo como caricaturista de planta en el seminario ‘Esto es’,  de la capital porteña, porque el editor no logró interpretar sus dibujos silentes –inspirados en el cine mudo de Buster Keaton y Charles Chaplin- y le ordenó replantearlos con diálogos para hacerlos accesibles a los lectores: Una de las primeras frustraciones del joven caricaturista, que se empeñaba en convencer a su jefe que sus viñetas hablaban por sí solas, y que resultarían obvias y ridículas de llevar palabras.

Pero como donde manda capitán no manda marinero, y las afugias económicas terminan superando las  ideologías, más cuando se es joven y las puertas no siempre están abiertas, Quino replanteó su formato, dándole gusto a su empleador desde la perspectiva del humor político, poderoso nutriente en cualquier época para un caricaturista, y personajes de entretenimiento como ‘Rico Tipo’, ‘Dr. Merengue’ y ‘Tía Vicenta’.

‘Esto es’, su primera casa editorial, fue el despertar de una carrera inagotable, vertiginosa, con un horizonte amplio y un trasegar itinerante por un sinnúmero de periódicos, revistas y publicaciones de autor, como ‘El mundo de Quino’, que salió a la luz en 1963, tres años después de haber contraído nupcias con Alicia Colombo, una bella chica, hija de inmigrantes italianos.

Luego, con el mecenazgo de Miguel Brascó, afamado editor, dibujante, crítico y sibarita argentino, fue recomendado para trabajar, primero como freelance en agencias de publicidad, hasta llegar a la acreditada Agencs Publicidad, que necesitaba un creativo para el lanzamiento de una marca de electrodomésticos. Pues Quino dio en el blanco y su diseño disparó las marcas.

Mafalda: «¡Paren el mundo, que me quiero bajar»!

Alterno a su trabajo de marketing, el joven humorista daba rienda suelta a los trazos que le dictaba su imaginación. El fogonazo mayor se produjo el 29 de septiembre de 1964, cuando llegó sin berrinches, pero con un rictus de dar buena lata: Mafalda, la inquieta y preguntona niñita argentina de 6 años, que su padre dibujó durante 9: justamente, el próximo 29 de septiembre se celebrarán sus 50 años de existencia.

Así ha trascendido la pequeña rebelde, gran referente de la cultura popular, rodeada de su parvada de barrio: la descreída Susanita, el iluso Felipe, el inocente Miguelito, la izquierdista Libertad, el materialista Manolito y el tierno Guille.

Mafalda se publicó por primera vez en ‘Gregorio’, suplemento de humor de la revista ‘Leoplán’, y  en el semanario Primera Plana . Al año siguiente, el 9 de marzo de 1965, con el traslado de las tiras cómicas al diario El Mundo, donde el humorista publicaba seis tiras por semana, se inició el éxito imparable de esta criatura algo rolliza que odia la sopa y contradice a los mayores, incluso a sus padres, y que a partir de ese momento rompe fronteras en Suramérica, cruza impetuosa el Atlántico y se convierte en el ícono mediático, y por supuesto de franca ideología, no sólo de párvulos e impúberes, sino de adultos.

No obstante el rotundo éxito logrado durante los siguientes años, Quino, el 25 de junio de 1973, dejó cariacontecidos a editores y fanáticos de Mafalda, con una decisión implacable y desconcertante: no dibujarla más, según él, porque que ya no sentía la necesidad de utilizar la estructura expresiva de secuencia.

Sin embargo, el interés por Mafalda se ha mantenido inalterado. De hecho, sus libros continúan reimprimiéndose y sigue siendo elegida para ilustrar diversas campañas sociales (UNICEF, la Cruz Roja Internacional, el  Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina, etc). En adelante, Quino continuará publicando semanalmente sus tan conocidas páginas de humor que han ido agrupándose en la colección de incontables libros.

El primer libro de Mafalda fue editado por el empresario Jorge Álvarez, con un tiraje de 5.000 ejemplares. La primera edición internacional fue en Italia, bajo el título: ‘Mafalda, la contestataria’, con prólogo de Umberto Eco.

En 1989, para celebrar los 25 años de la publicación de la primera tira de Mafalda, se organizó la exposición ‘Mafalda Inédita’,  y tres años después, Madrid (España) acogió una gran muestra titulada ‘El Mundo de Mafalda’, y en 1999 vio la luz ‘¡Qué mala es la gente!’.

En 1984, invitado para integrar el jurado del Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, viajó a Cuba, donde comenzó su amistad con el director de cine de animación Juan Padrón, y firmó un contrato con el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica) para la realización de cortometrajes con sus páginas de humor. La serie se llamó Quinoscopios, dirigida por Padrón, sobre dibujos e ideas de Quino.

En 1993 la empresa española D.G. Producciones S. A., en coproducción con Televisiones Españolas produjo 104 episodios de Mafalda en dibujos animados de un minuto de duración, dirigidos por Padrón en el ICAIC. Las caricaturas fueron difundidas en Italia por la RAI2 y en Argentina, en dos oportunidades: primero por el antiguo canal 11 y varios años después por canal Encuentro.

Joaquín Salvador Lavado Tejón, el archifamoso Quino, ha vivido gran parte de su vida en España, desde 1983, exiliado ante la desventura de la dictadura militar de su país. Hoy, a sus 82 años y con múltiples reconocimientos, el más reciente, el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, y dos años antes, La Orden de las Artes y las Letras, de Francia, se dedica a la pintura, aunque ya debilitado de la vista, sin abandonar del todo el dibujo, pero ya no por secuencias, con el argumento de que sus caricaturas, en especial Mafalda, son intemporales.

“Aún pueden aplicarse al mundo actual, siguen vigentes y entendibles para las nuevas generaciones, tanto en lo político como en lo social”.

Tiene toda la razón, maestro. Y sigue latente el clamor de Mafalda: “¡Paren el mundo, que me quiero bajar”.

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