sábado julio 4 de 2020

El Ojo del Halkón Diálogo con un sordo

 Ruben Dario Mejia Sanchez _25_02_12Por Rubén Darío Mejía Sánchez

Definitivamente las groserías del presidente Nicolás Maduro no tienen nombre, es una persona sin clase y no digamos que es por su bajo origen de donde viene, porque no debemos de olvidar que no debe ser muy fácil bajarse uno de manejar un bus para subirse a manejar un país y eso lo podría haber hecho de manera perfecta, quien hubiera tenido interés en progresar, en educarse y en tener talento y no actuar de manera rastrera como lo hace el mandatario venezolano.

Da pena cuando sale ante las cámaras retando a pelear a puño limpio a otros ex presidente (Álvaro Uribe Vélez) a quien gracias a Dios lo encontró de buen genio y lo que hizo fue tomarle del pelo y las cosas no pasaron a más.

No ha querido pasarle al teléfono a su colega Juan Manuel Santos y ahora bravuconamente lo invita a que se reúnan donde quiera y como quiera, para tratar frente a frente el problema entre Venezuela y Colombia y lo hace precisamente a pocas horas de subirse a un avión y partir para el Medio Oriente sin interesarle la crisis interna de su país y diplomática con su vecino.

Hemos sido críticos de la canciller Holguín, por considerar que no ha sido fuerte en su manera de actuar ante el atropello de los colombianos deportados y repatriados del vecino país, el mismísimo Simón Bolívar estará revolcándose en la tumba de ver lo que hace un inepto e ignorante a su nombre, cuando el dio la vida por la unidad de los pueblos y principalmente de su sueño de la gran Colombia.

Para muchos colombianos no existió el sueño americano sino el sueño venezolano, en los años dorados de la bonanza petrolera en Venezuela, los colombianos viajaron a ese país como señoras del servicio, como obreros y casi que como esclavos de unos venezolanos soberbios que por tener dinero se dedicaron a no hacer nada y a vivir a lo rico, sin pensar que un día por una u otra circunstancia se quedaran en la pobreza siendo habitantes de un país bastante rico por el petróleo que les da la madre naturaleza y que desde el gobierno de Hugo Chávez han despilfarrado regalando a diestra y siniestra a quienes han considerado sus amigos.

Amigos que en este momento están muy calladitos, como Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina y Nicaragua, que fueron los mayores beneficiarios de las dádivas del ex presidente Chávez, sin querer tocar a Cuba, que no tiene autoridad en este momento para hablar, porque es el que ha impartido la mala enseñanza copiada por los gobernantes bolivarianos; pero como el petróleo se acabó o se está acabando, y tiene sus altibajos de precios, no ven un futuro bueno y han dejado de un lado a Maduro con sus locuras.

Colombia está dividida, a pesar de que en la tarde de este viernes todos los partidos políticos sin excepción le dieron el respaldo al Gobierno para que adelante el trabajo de ayuda a los colombianos que han sido sacados del vecino país como si fueran unos perros de mala raza, calificándolos de delincuentes, paramilitares y de narcotraficantes; sin que se sepa que de verdad es lo que está sucediendo en la patria de Bolívar en donde escasearon los alimentos, donde no hay seguridad y el progreso ya es asunto del pasado.

Da tristeza escuchar las bravuconadas del Vicepresidente venezolano y de la Canciller cuando dicen que en la frontera no está pasando nada y cuando le están diciendo al pueblo que de ahora en adelante si habrá comida porque han podido sacar a los colombianos que eran un verdadero peligro para la nación, olvidándose que todo lo que han hecho hombres y mujeres es trabajar y llevar por un buen camino económico y de progreso a un país que se ve ir al despeñadero en medio de una crisis que no quieren entender, que no es únicamente económica sino moral y de violación de derechos humanos.

No hay libertad de expresión, pero da más pena cuando un ex presidente colombiano como Ernesto Samper Pizano, está de lado de las torpezas de Maduro, pero inteligentemente decía alguien que, que se le podía pedir a quien se le entró un elefante a su casa durante un gobierno, en donde Colombia de milagro se sostuvo administrativamente sin tener un verdadero gobierno y sobre todo un presidente.

Se acordarán de mí que la reunión del 3 de septiembre en Quito de la UNASUR será un verdadero fracaso, porque allí estará solo la representación del Gobierno colombiano ante la jauría de amigos de Maduro y respaldados por el Secretario General, el colombiano Ernesto Samper Pizano. Bien dijo el presidente del Directorio Nacional Conservador, que no era garantía esa reunión con UNASUR  y que por lo tanto se debería buscar la intervención de la OEA, a pesar que para Maduro esta organización no tenga ningún valor.

Ya estamos como algunas religiones que enseñan que debemos de ser pobres, humillados y sacrificados para alcanzar el cielo, pero los que de verdad creen en Cristo saben que sus enseñanzas fueron fuertes y pedía que era necesario decir la verdad, llamar las cosas por su nombre y buscar que se hiciera la verdadera justicia.

Los colombianos que están regresando deben de valorar lo que tienen y lo que han perdido, aunque no los criticamos porque muchos de ellos se fueron huyendo de la violencia y se encontraron que en ese territorio tienen cabida grandes delincuentes, secuestradores, guerrilleros, con la complicidad del mismo gobierno, que ahora grita a los cuatro puntos cardinales que está cerrando las fronteras para erradicar la violencia y el paramilitarismo que se está exportando desde Colombia y es cuando nos preguntamos cómo es que Maduro no ve la viga en su ojo y solo la paja en quienes han trabajado por el bien de su patria.

Colombia demuestra ser bien educada, enemiga de la guerra, pero decía sabiamente mi abuelo que una cosa era uno ser bueno, pero no pendejo y por lo que hemos visto, cada que Venezuela se le da la gana, aclaro, al Gobierno de Venezuela de hacer lo que quiere con los colombianos lo hace y lo que da pena es la falta de firmeza del Gobierno para contrarrestar esas situaciones.

No es únicamente ayudando a los deportados, es con políticas claras y no olvidado y dejando en las manos de Dios a los que viven en las fronteras, no solo con Venezuela, con Brasil, con Perú y con Nicaragua, sino estando atentos de ellos y no dejándolos abandonados; pero en el caso que nos atañe en este momento, lo importante sería la firmeza y no colocar paños de agua tibia, porque se convertiría más grave el remedio que la enfermedad y siempre Maduro o el gobernante de turno se darán cuenta que como de esta parte no hay nadie que se haga respetar, pueden hacer lo que se les venga en gana.

La prensa debe pronunciarse y los organismos internacionales que tienen que ver con los medios de comunicación, dar el respaldo a esos reporteros rasos, que han ido a cubrir la noticia y a vivir con las víctimas de este problema aunque el excelentísimo presidente venezolano diga que son mentiras y montajes y que la Canciller de declaraciones en que se les ha tratado muy bien y que el presidente nuevamente replique que quienes han salido, lo han hecho escapando de la justicia por sus antecedentes penales.

Confiamos en un gobierno firme, en una canciller con ideas claras, para hablar y decir lo que sucede, al mismo tiempo de pedir que se respeten a los colombianos en las reuniones de UNASUR, de la OEA y de otros organismos internacionales que estén interesados en saber lo que sucede; aunque sabemos que eso de dormir con el enemigo no es cosa fácil.

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