sábado abril 17 de 2021

Carlos Murcia Cadena un hombre legendario e irrepetible

En el centro (izq) Carlos Murcia Cadena y el exPresidente de Colombia, Carlos Lleras Restrepo, rodeado de los periodistas Orlando Cadavid, Juan Darío Lara y Gabriel Gutiérrez

En el centro (izq) Carlos Murcia Cadena y el exPresidente de Colombia, Carlos Lleras Restrepo, rodeado de los periodistas Orlando Cadavid, Juan Darío Lara y Gabriel Gutiérrez

Por: Orlando Supelano González

Estábamos en el fragor del cambio del milenio por esos días, hacíamos el Noticiero Todelar de Colombia, el corre corre en el mundo radial en su cotidianidad, a las 7:30 de la mañana entrabamos con la sección Periscopio Político y saludábamos a Carlos Murcia Cadena, el periodista legendario que por más de dos décadas hizo historia en El Espectador, una de las plumas más diestras y admiradas en el país. Con su tono bonachón y amable empezaba a poner el dedo en la llaga como se dice  popularmente lanzando dardos certeros que orientaban a nuestra audiencia.

De él era admirable su olfato periodístico, tenía el país completico en la cabeza y a veces parecía predecir el futuro. Sin duda fue otro de los grandes maestros de la generación de periodistas a la que pertenecía, al lado de su destacado hijo Carlos J Murcia con quien trabajábamos en ese momento en la misma cadena radial.

Don Carlos, como lo llamábamos con un respeto y admiración enormes siempre la tuvo clara y eso no era gratuito, sus maestros fueron esos periodistas legendarios del diario El Espectador, los Cano, don José Salgar y tantos otros. Allí creí su columna El Periscopio, una de las más leídas, admiradas y respetadas en el país.

Era admirable observar la trayectoria de este joven huilense, quien nació el 2 de febrero de 1945, que poco a poco escaló en el mundo periodístico pasando por todos los rangos como lo hacen los militares, desde recluta hasta general. Cuentan los periodistas de su época que como reportero fue un dolor de cabeza para muchos, especialmente cuando tenía “la chiva”, la primicia, esa por la que corrían tanto.

Se le veía muy poco en las ruedas de prensa, no era un comunicador que se dejara manipular, tenía contacto directo con sus fuentes de información y esa era parte de la razón de su éxito

Se jubiló a los 50 años y se retiró del diario El Espectador para aceptar un consulado en Barcelona España por ofrecimiento del presidente Ernesto Samper Pizano. <Luego de dos años de vida diplomática regresó al país, y siguió haciendo lo que más le gustaba, se dedicó al periodismo para los diarios El Heraldo (de Barranquilla) y La Nación (del Huila), siempre al mejor estilo de la forma como trabajó para El Espectador.

Era un hombre muy prudente, reservado, reflexivo, analítico y sagaz, su olfato periodístico fue admirado por varias generaciones de periodistas. Debo confesar que sentí admiración cada vez que lo saludé para darle el cambio en la sección Periscopio Periodístico en Todelar, me encantaba engañarme a mí mismo y sentirme del nivel de ese hombre extraordinario que sin darse cuenta, en ese instante era mi maestro. En la radio a veces éramos muy rígidos, él nos sacaba de ese escenario y dialogaba con tal sencillez como si estuviésemos en la sala de la casa. De esa interacción salían cosas sorprendentes, a veces el dardo terminábamos lanzándolo nosotros y muchas veces sin darnos cuentan.

El 25 de septiembre de 2007 cuando regresaba del gimnasio, un infarto cardiaco cegó su vida, perdimos a un hombre extraordinario, irrepetible, pero nos dejó un legado a todos y una “ñapa”,  su hijo Carlos J, quien para mí siempre será Carlitos, quien ha sorprendido por su extraordinaria habilidad periodística.

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