viernes noviembre 27 de 2020

¿Colombia, un país inviable?

José Antonio Mantilla
Por: José Antonio Mantilla
El ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas y el Gerente del Banco de la República, José Darío Urbe, aprovecharon que la mayoría de los colombianos están hoy sumidos en el marasmo que les genera la posibilidad de contraer el virus del zika, para mostrar, con frialdad pasmosa, las cifras que colocan a Colombia –así traten de negarlo- en el peor escenario económico y de inviabilidad financiera internacional.
Ambos funcionarios, expertos en enredarle la pita a los colombianos que poco o nada se interesan por los asuntos serios del país, anunciaron (como si nada pasara) que  la deuda externa asciende hoy a US$110.423 millones de dólares, lo que representa el 37.5 % del PIB (Producto Interno Bruto). Es decir lo que valen la producción interna, los bienes y servicios finales en toda Colombia durante el último año.  
El mayor crecimiento de la deuda se registra a partir de octubre de 2015, cuando el dólar comenzó a superar la barrera de los $2.000, mientras que el precio del crudo comenzó a caer vertiginosamente.
A diciembre de 2015 el PIB en Colombia era de US$ 294.462 millones (poco más de $996 billones, al precio de cambio actual), con un crecimiento del 10 % anual, mientras que la deuda externa de Colombia aumentó, utilizando las cifras del Banco de la República, en el mismo periodo de 2015, en 12,2 puntos con relación a 2014.
Por su parte, las reservas internacionales de Colombia, sin contabilizar el último trimestre de 2015, alcanzaban un total de US$46.726,37 millones y los analistas calculan que en el primer trimestre de 2016 se operará un fuerte descenso como consecuencia de la reducción en la inversión extranjera y la caída en las exportaciones.
Como se puede ver, el panorama económico nacional se muestra bastante oscuro para los colombianos, que además de las graves consecuencias del fenómeno del niño, deberán hacerle frente a los estragos de la corrupción, cuyos efectos se nos trasladarán convertidos en más impuestos tanto locales como nacionales.
Ni que decir de lo que se nos viene encima a partir de la firma de la paz (que ya es un hecho), pues el gobierno tendrá que pensar en acomodar política y burocráticamente a los guerrilleros que tendrán que ser reintegrados a la sociedad y convenir con el sector privado fórmulas para absorber esa nueva masa laboral.
Y mientras tanto, los colombianos nos quedamos lelos ante el optimismo desbordante del Ministro de Hacienda y su amanuense en el Banco de la República, que pretenden tapar el sol con las manos y hacernos creer que todo está bien cuando todo anda mal.
Nos hicieron creer que Colombia era un país petrolero, cuando ni siquiera alcanzábamos a ser un país medianamente exportador de crudos y acabaron con la gallinita de los huevos de oro. Nos dijeron que el futuro estaba en la minería y acabaron con el campo y la producción nacional. Firmamos unos tratados de libre comercio cuando el país no estaba preparado ni industrial ni comercialmente y caímos en la enfermedad holandesa. Y Para colmo de males seguimos vendiendo las empresas rentables del Estado y destruyendo nuestros recursos naturales.
Y los colombianos más preocupados hoy con el Carnaval de Barranquilla, la frivolidad de los reinados de belleza y la trivialidad de ciertos programas de televisión, “nos hacemos los locos” mientras los “genios de las finanzas nacionales” empeñan al país y acaban el patrimonio nacional.
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