miércoles octubre 27 de 2021

Contrapano Una singular tripleta manizaleña

09 febrero, 2016 Opinión Orlando Cadavid Correa

Orlando Cadavid Correa

Por Orlando Cadavid Correa

Seguramente las santas madres de los protagonistas de estos pequeños episodios les dieron buena crianza y les enseñaron modales ejemplarizantes para el futuro a sus tres parvulitos manizaleños, pero al arribar a la adolescencia se convirtieron –cada uno a su manera— en incorregibles amantes de las querellas a través de los medios de comunicación, cuando se fueron de sus casas paternas a tratar de conquistar el mundo de la redonda, el uno, en la cancha, y los otros dos  en la radio y la televisión.

Nos ocupamos inicialmente del director técnico del Deportivo Cali, Fernando Castro, “El Pecoso”, y del abogado y periodista Carlos Antonio Vélez, “Candelo”, y cerramos con el también comentarista César Augusto Londoño. Los tres nacieron en la capital caldense y siempre se han entregado al fútbol que tanto los ha apasionado a lo largo de sus vidas.

El pendenciero Castro comenzó a mostrar sus belicosos taches desde aquellos lejanos  tiempos en los que fue jugador del Once Caldas. Sacó luego a relucir toda su agresividad lenguaraz cuando se sentó en los bancos de entrenador de la mayoría de los equipos profesionales del país. A él le gusta, en su fuero íntimo, que cuando se hable de “El Pecoso” –dentro y fuera de los estadios– se diga que “es un barón sin pelos en la lengua, que no carga agua en la boca, que le encanta la riña  y que no nació en el mes de los temblores”. Y celebra la imitación que le hace, en “La Luciérnaga”, el caricato Pedro González, ”Don Jediondo”.

El soberbio Vélez siempre se ha parado en unos escenarios deportivos levantados sobre arenas movedizas. Como tiene un gran concepto  de sí mismo, él cree que su palabra es dogma, en materia futbolística, y nadie ve, ni describe un partido con su misma capacidad de análisis, sin que le falte el consabido tablero bilardista. Esta petulancia profesional ha hecho que sus competidores, en radio y televisión, lo llamen “Midiosantonio”, apodo que debe ser de buen recibo en su enorme ego. Ante las críticas que le espeta Castro por los medios, Vélez responde que  “el técnico del Cali es un baboso”. Suele repetir una y otra vez que “a mí nadie me manda. No le hice caso ni a mi mamá. Siempre digo lo que me da la gana. Ese es mi trabajo y por eso me pagan muy bien desde 1986, cuando ingresé a RCN”.

Esta fue la declaración del “Pecoso” que indignó a “Candelo”:   “¿De quién es Atlético Nacional? de Postobón… Lo llaman, le pegan un ‘telefonazo’ de Bogotá: ¿Qué es lo que quiere? nosotros somos los patrocinadores del fútbol, usted trabaja en la empresa de nosotros. ¿Usted va a hablar mal de su mamá?, ¿De la comida que le da su mamá?”. (Fin de la cita del técnico manizaleño).

El turno es para el arquitecto y comentarista deportivo César Augusto Londoño, quien no sostiene rifirrafes con nadie, pero le ha dado por meterle unas injustificadas dosis de morbo irrespetuoso a su trabajo de entrevistador, ramo que no es propiamente su fuerte. Se le fueron la mano, las patas, la lengua, el decoro y todo lo demás con la querida atleta colombiana Catherine Ibargüen, al formularle unas preguntas indecentes, tras ganar para su país la medalla de oro en las olimpiadas de Londres. Ignoró de plano el tal el consabido “jalémosle al respetico”.

Posiblemente porque se propone hacerse célebre, apoyándose en la vulgaridad, para que lo proclamen, de pronto, ”El muchacho terrible de la televisión”, le preguntó por WIN a un caballero tan respetable como Mike Schmulson por su vida íntima con su esposa. Sin perder la serenidad, el comunicador costeño le respondió que no solía menear sus asuntos privados a través de los medios.

Un desaguisado más del libidinoso cronista deportivo que no siente el más mínimo respeto por la teleaudiencia: le preguntó al director de “La Luciérnaga”, Gustavo Gómez, si se masturbaba en sus años juveniles. El manizaleño debió sentirse bañado en aguade rosas cuando su invitado le respondió afirmativamente. ¡Qué ordinariez!

La apostilla: Ahora entendemos por qué unos años antes de este sartal de procacidades televisadas el legendario arquero René Higuita le asestó un par de golpes a la mandíbula de César Augusto Londoño, en los pasillos del aeropuerto José María Córdoba, de Rionegro.

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