viernes septiembre 18 de 2020

Tanto Ruido…Tanta zalamería

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Por Esteban Jaramillo Osorio

En medio  de  jolgorios y demagogias, Gianni infantino es nuevo magnate de la FIFA. Llega de la escuela de Platini, que vive empeñado en estos días  en cuadrar cuentas éticas con el fútbol que lo despojó de credibilidad, por encima de la admiración que como futbolista tuvo.

Sus revolucionarios anuncios intentan ponerle freno a la corrupción de Havelangue, Blatter y compañía, para restaurar la imagen de una entidad corrompida por el dinero de sobornos, que corrió a borbotones durante los últimos cuarenta años. Tiempo tardará en restablecer el orden pretendido, si muchos de aquellos que intervinieron en el saqueo continúan en las comisiones directivas. El también estaba.

Blatter, en su ocaso vergonzoso, arrastró consigo a dirigentes que pasearon su arrogancia por los escenarios, mientras devoraban los presupuestos de las federaciones y de los clubes.

Entre ellos Lucho Bedoya, activo en su información ante las autoridades de Estados Unidos, que  siguen la huella a sus denuncias como testigo protegido.

La foto de Lucho, en la sala de prensa de la federación, donde están todos sus antecesores, se destaca por su ausencia. Podría tratarse de un olvido involuntario o de una decisión premeditaba por parte de quienes hoy tienen el mando, fueron sus amigos, con él le dieron la vuelta al mundo futbolero y tratan ahora de desconectarse de sus conductas investigadas.

Vale la pena corroborar de que manera la anunciada revolución FIFA, infiere en el futbol Colombiano. Si en nuestro medio también existe la intención de  seguirle la pista al dinero de los patrocinadores, de las vallas, de  los derechos de transmisión y si se va a reconocer los dividendos a los jugadores por la exposición de su imagen.

Es tanto lo que se habla en la calle y tanto lo que se calla por acomodo, falta de información, o subordinación al poder.

No hay duda de que en Colombia  existen dirigentes con ideas y agallas para impulsarlas, que chocan contra otros representantes sin techo, interesados solo en la repartición de utilidades para beneficio personal y en perjuicio de los clubes que dominan.

La situación económica de varias instituciones futboleras del medio, es caótica. El fútbol, a pesar de la selección Colombia con su sonoro ruido en la competencia, tiene deficiencias y arbitrariedades que deben ser corregidas. Urgente resulta la reingeniería de las instituciones para evitar, entre otras cosas,  que los dirigentes se atornillen en sus cargos, con aires dictatoriales, como se asegura, ocurría con Bedoya.

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