martes diciembre 1 de 2020

UNO Y DOS

02 febrero, 2016 Opinión

Augusto Restrepo

Por Augusto León Restrepo

UNO

Numerosas, numerosísimas, han sido las columnas que he escrito desde que se iniciaron las conversaciones  entre el Estado colombiano y las Farc , iniciativa del Presidente Santos con inicial arranque de su hermano Enrique y un  discreto y pequeño equipo , en las que he aplaudido en nombre de LA VIDA la búsqueda de la terminación del conflicto armado, de la matazón, entre una guerrilla desbordada y cruel y unas potentes aun cuando ineficaces Fuerzas Armadas, defensoras legítimas del Estado de Derecho colombiano y de su quebradiza y fallida democracia. La única ideología que he aducido es la de LA Vida, que no la es, sino que es un derecho absoluto, un valor prioritario inscrito en las constituciones de los pueblos, en su alma, desde el decálogo, para quienes nos hemos escampado bajo el paraguas de la civilización cristiana y occidental, con sus virtudes pero también con sus atrocidades  e injusticias. Nuestra historia, la historia colombiana, ha sido signada por el devastamiento de LA VIDA. La conquista española y la respuesta indígena, cuantos cadáveres  no dejaron en las primeras batallas por el dominio de la tierra y sus riquezas. Cuando comenzaron las luchas políticas con el florero de Llorente, la Patria Boba entre Federalistas y Centralistas, la pacificación española y la respuesta bolivariana, los santanderistas y los seguidores del Libertador, los conservadores y liberales enfrentados, los católicos y los masones y los librepensadores, aportando muertos, las guerras civiles de finales del Siglo XIX, los enfrentamientos entre chulavitas y cachiporros, con  trapos azules y rojos como estandartes, el nueve de abril, la guerra declarada por los inconformes con el pretexto de que con las armas se obtiene la justicia social, los paramilitares, los narcotraficantes, las bacrim, todos a una, creyeron o creímos que con la muerte de los otros, de los que pensaban o actuaban diferente, se iba a organizar el mundo. Por fortuna los tiempos y la historia, al menos, quien lo creyera, en el continente americano, demostraron que el enfrentamiento abierto  y las guerras de guerrillas, en las que nadie triunfa y todos perdemos, no son el camino expedito para sellar los exigidos nuevos contratos sociales. El hoy colombiano, el de este momento, acaba de darle un mentís definitivo, a quienes creen todavía, con un discurso amargo y refractario, que la guerra es lo indicado para obtener la paz. Las treguas unilaterales, la cesación del fuego bilateral, es lo mas cercano a la desaparición de las armas, que es la cuota inicial de la paz. A la que hay que conquistar día a día, edificarla, mimarla, contemplarla, y que no es una automática realidad impuesta por unas gentes de buenas intenciones, que firman unos papeles, en que así la dispongan.

DOS

Por mis hijos y mis nietos, me tiene regocijado el alcance de los frutos de las conversaciones de La Habana. El Jefe de la Delegación del Gobierno, Humberto de la Calle Lombana, ha sido explícito en resaltar tales avances, inusual en quien siempre ha dado muestras de un cerebral e inteligente escepticismo, . Antes de conocerse las posiciones de la ONU y de la CELAC, ( Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños ) con su espaldarazo al proceso colombiano,  en un conversatorio en el emblemático Club  El Nogal de la ciudad de Bogotá, centro social que fue volado  por la dinamita terrorista de las Farc, el 7 de Febrero del 2003, con un saldo de 36 muertos y mas de un centenar de heridos, expresó De la Calle: » Es difícil devolverse en una escalera eléctrica. Me parece que esto toma una dinámica que yo no me atrevo a calificar ahora de irreversible porque estos procesos me parecen extremadamente complejos y frágiles. Pero lo que si queda claro es que ninguna de las partes puede devolverse de la escalera….El que quiera salirse de la escalera tiene que lanzarse por la barandilla pagando un enorme costo político si lo hace».  Estos procesos son complejos y frágiles. El diario El Tiempo consigna en su Editorial del 27 de enero, refiriéndose a la posición asumida por la ONU en el sentido de que se compromete a verificar y vigilar el fin del conflicto armado colombiano: » Esta vez el cese bilateral, en caso de acordarse, y mas adelante, el proceso de dejación de armas de las Farc se darán en un contexto idóneo, cuidadosamente confeccionado para que, como se dice coloquialmente, no se queme el pan en la puerta del horno » . Vamos a hacer una minga entre todos los colombianos  para que este proceso extremadamente complejo y frágil no se queme en la puerta del horno y vamos a exigir a las partes actoras del conflicto que no se les ocurra lanzarse  por la barandilla de la escalera eléctrica.

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