martes septiembre 22 de 2020

Valientes o llorones

esteban-jaramillo2

Por Esteban Jaramillo Osorio.

Hablan, los argentinos de Boca, del show de patadas del deportivo Cali. Se convierten en victimas para justificar un empate que pensaron sería una saludable victoria, ante un rival al que rebasan en presupuesto y favoritismo. Malos perdedores siempre, preparan, de esta manera, el duelo de vuelta como les gusta: convertido en una guerra. Patadas hubo, seguro, pero de parte y parte. Pego Mera y mereció un castigo severo, al igual que Tévez que también  agredió a mansalva. El  catalogo de infracciones repetidas para quitarle ritmo al partido, se aprendió de ellos mismos, los argentinos, tan aplicados en aquello de fingir y golpear. El árbitro es  victima preferencial de los dardos críticos. Se incluye un penal,  al final del partido, no sancionado. ¿acción involuntaria? Seguro que la reacción hubiera sido otra, en el caso de que, como es común, el juez les hubiera favorecido. Los ricos también lloran.

Siempre se ha dicho que en el fútbol cualquier método licito es fiable. Estos prevalecen como modas, mientras se den los triunfo repetidos.

Enfrentaron sus partidos de  copa, con libretos distintos, Nacional y el Deportivo Cali con resultados y funcionamiento que despiertan  optimismo.

Jugo con velocidad el verde antioqueño, con base en el rendimiento colectivo, largo, profundo, aprovechando las franjas generosas que encontró en el camino, ante un adversario carente de recursos.

Aquella noche el artista fue Marlos Moreno, desequilibrante, inquieto,  insistente en la búsqueda del gol,  como  conductor con calidad.

El ritmo aplicado, con ordenamiento de líneas a través de la pelota, abrió boquetes en la defensa de Huracán e hizo poderoso a Nacional con juego arrollador. El espectáculo fue valorado por la facilidad con que domino el campo, el tramite y el resultado.

El Cali eligió otro camino, el del esfuerzo continuado, sin complejos, conducido por chicos osados, con alardes de madurez que no se amilanaron frente a la prepotencia de sus oponentes. No ganó la camiseta, ni intimidó la historia, como se esperaba.

Cali prefirió el repliegue ordenado, con aceleraciones repentinas, en un ejercicio valorado por los hinchas, delirantes desde la  festiva tribuna, a pesar de las dudas en el área, para resolver las jugadas frente al gol.

Al final dos “túneles deliciosos” y su liderazgo, fueron la razón para ensalzar a Gago como el jugador destacado, en amañado concepto que desdeña de la influencia que Roa, Borre, Banguero y Lozano tuvieron en el partido. Respecto a la violencia y el lloriqueo de los periodistas,  resulta contradictorio que al termino del compromiso tanto Gago como Tevez le hayan restado importancia, argumentando que “así se juega la copa libertadores”.

Algo va de Huracán a Boca. Por ello se valora por igual el triunfo de Nacional y el empate del Cali. Ambos jugaron sin complejos.

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