sábado febrero 4 de 2023

Slava’s Snowshow: para reír con llanto y llorar a carcajadas

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El universo fantástico y sorprendente de Slava’s Snowshow, de Rusia, uno de los apetecidos espectáculos del XV Festival Iberoamericano de Teatro. Foto: FITBO

Por: Ricardo Rondón Ch.

http://laplumalaherida.blogspot.com.co/

Media hora antes de comenzar el espectáculo se oye el sonido incesante de una locomotora que se acerca y se aleja, que se aleja y se acerca, recreándole al público que es Rusia, que ese es el rumor del tren transiberiano, y que quienes pueblan esas gélidas y remotas estepas abrigan mucho calor humano, y un sinnúmero de historias para contar y divertir.

El teatro (en el capítulo que nos acontece, el ‘Jorge Eliécer Gaitán’) está abarrotado de gente: la platea llena, los balcones al tope. Por fortuna habilitaron el foso –donde se ubica la orquesta operática para quienes nos quedamos sin boleta-.Público de todas las edades, muchos adolescentes y niños, como debe ser. Personalidades otrora en el esplendor de la juventud, como el ex ministro de hacienda y de agricultura Juan Camilo Restrepo, ahora en el papel de abuelo, acompañando a su pequeña nieta.

El cuadro de Restrepo y su nena es suficiente para enmarcar la regularidad de un público, el de mayor expectativa en lo que va corrido del XV Festival Iberoamericano de Teatro: Slava´s Snowshow (si se tiene en cuenta que al ingreso la reventa hace de las suyas con sus cambalaches de boletas al triple del precio oficial), que tiene como protagonista a quien es considerado el mejor payaso del mundo, Slava Polunin, artista ruso en la franja de los 65 años, o mejor, un adolescente de 65 años capaz de provocar el regocijo colectivo, el suspiro contenido, el parpadear de la ternura.

Porque de eso se trata su lúdica función  a través de la pantomima, el lenguaje  universal del clown, apto para la mente brillante de un científico o la de un infante con síndrome Down: el ejercicio sutil de reinventar los sueños, de despertar el niño por años dormido en el espíritu del mayor, de hacer que un menor se asome a las erratas y ridiculeces de un grande, y de reivindicar la alegría y la esperanza de un mundo azotado por las guerras, el odio, el rencor, la ambición, el hambre, la segregación.

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El Teatro ‘Jorge Eliécer Gaitán’, convertido en una alucinante fiesta de balones multicolores. Foto: La Pluma & La Herida

Slava Polunin, con su tribu de cómicos, es capaz de producir el sortilegio, por lo menos en la hora y cuarenta y cinco minutos que dura la representación, con recursos y elementos tan sencillos y naturales como debería ser la vida: un mono amarillo de dormir, unas narices de cereza, unos sombreros melancólicos de vagabundo, humo de hielo, toneladas de papel celofán a manera de nieve, millones de pompas de jabón, gigantescas burbujas de látex que suponen orbes imaginarios, un par de teléfonos de felpa, un catre hospitalario que hace las veces de una nave a contracorriente de una voraz tormenta, balones, muchos balones, y hasta un tiburón de espuma, ¡que ladra!

Todo esto para desencadenar la admiración en masa: rostros cariacontecidos, risas a granel, por igual, la de la señora cincuentona que tiene que tomarse el vientre para contener su hilaridad, y la de la bella niña de crespones rubios que no para de celebrar las situaciones disparatadas de aquellos discípulos del gran Garrick, el viejo actor de la Inglaterra, quien sentenció “que a este mundo venimos a reír con llanto, y también a llorar a carcajadas”.

Asisyai, que es el personaje legendario de Slava Polunin, alma y nervio de su compañía, inspirado en sus alter egos generacionales: el gran Charlot, Marcel Marceau y Leonid Engibarov (pionero de la pantomima rusa, recordado por su película, ‘Los corceles de fuego’), propone una monumental fiesta multicolor, de múltiples sinergias que comprometen al público, que lo involucran con el espacio escénico, en su lúdica cosmogonía, como la monumental tela de araña sintética que se va esparciendo por la platea, y que es una evidencia tangible de que nadie se puede escapar del juego. De que ahí todos, querámoslo o no, estamos atrapados.

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«Aquí aprendemos a reír con llanto, y también a llorar a carcajadas», parece sugerir el mejor payaso del mundo, parafraseando al gran Garrick, de Inglaterra. Foto: FITBO

La maestría de la gestualidad hace posible que nadie se quede por fuera, no de un libreto preconcebido, sino del viaje a su aire de los protagonistas que nos ponen al tanto de su exaltación y tristeza, de sus alegorías y sus miedos, del inconmensurable amor por la vida, pese a los obstáculos y las derrotas, y de una lección mayor que, entre broma y disparate, sugiere que las dificultades y los problemas con los que cargamos a diario, no hay que tomarlos tan a pecho, que hay que liberarnos de ellos con creatividad e imaginación, esa cuota ausente en el oscuro teatro político de las naciones.

Asisyai desnuda su soledad, la presenta sin resquemores al público, la hace cómplice y la embellece con una poética que es la síntesis de su amor y su ternura, como es el cuadro en el que el payaso interactúa con su perchero: un viejo gabán y un sombrero que “cobra vida” para animar y consolar al desamparado, y darle a entender que no está íngrimo como se lo creía, que ahí está “él” para respaldarlo ante el infortunio.

Al final, la avalancha de toneladas de papelillos blancos que representan la nieve, inunda el auditorio: la niña de crespones dorados no para de reír, como también lo hace la dama otoñal, y los cerca de mil espectadores que aplauden y silban sin descanso a esta loca tropilla de payasos con un Slava Polunin al frente, que hace la reverencia y bate a mano en señal de despedida, de una despedida momentánea, traducida en volver al escenario, despojarse de su mono canario, limpiarse el maquillaje, descansar unas horas y preparar la próxima función.

Así lo ha hecho desde los diecisiete años, cuando descubrió en su ser el alma pura del teatro, de la comicidad, de la reinvención de la vida y del mundo a través de los sueños, y de enterar a la humanidad de que la muerte sólo puede ser posible de manera natural, o por las flechas amorosas de los ángeles de Cupido, como lo narra en su espléndido montaje.

¿Quién es Slava Polunin?

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Slava Polunin, genio y figura de la pantomima mundial. Foto: clownevolution.com

Nació en Novosil, una pequeña ciudad de Rusia, lejos del casco urbano. El próximo 12 de junio cumplirá 66 años. Su niñez transcurrió entre bosques, campos y riachuelos. Vivía en el mundo de las fantasías, y le gustaba inventar historias.

Constructor de viviendas en las copas de los árboles y ciudades de nieve. Promotor de fiestas divertidas con sus amigos. Fue a través de la televisión y el cine que se enamoró de los grandes mimos y payasos.

Apasionado del arte cómico, a la edad de diecisiete años se trasladó a Leningrado y se unió a un estudio de mímica. Así comenzó su búsqueda a largo plazo para recuperar y restablecer el arte y oficio del legítimo comediante, como los grandes espejos en los que se fue mirando en el transcurso de su carrera: Charles Chaplin, Marcel Marceau y Leonid Engibarov.

En 1979 fundó la Compañía de Teatro Litsedei, con espectáculos de calle y de carpa, con la que empezó a recorrer el mundo.  La reputación de Slava creció rápidamente y la gente viajaba miles de kilómetros para verlo y aprender sus técnicas: mezcla de cómico alternativo y teatro visual. Sus antiguos compañeros de elenco y varios de sus alumnos han formado sus propios colectivos, y los más avezados han hecho parte de las superproducciones del prestigioso Cirque du Soleil.

Snowshow (antes llamado teatro amarillo, o carpa amarilla), ha sido el gran logro de su carrera. Con él ha ganado, entre muchos, los codiciados premios Oliver y el Time Out, que es lo más alto y significativo de la encopetada crítica teatral británica.

Snowshow se describe como un trabajo en permanente progreso y renovación, con la premisa de que su creador, antes de presentarlo en cualquier parte del planeta, hace un estudio de la idiosincrasia y del humor de su público, con el propósito de imprimirle novedosos conceptos e inspiraciones.

En Bogotá, en el XV Festival Iberoamericano de Teatro, ha sido la sensación. Lástima que lo bueno, sea tan breve. La recompensa será el recuerdo imperecedero.

Slava’s Snowshow: Teatro ‘Jorge Eliécer Gaitán. Funciones hasta el domingo 27 de marzo. 8:30 p.m. Mayor información: Tuboleta PBX: 4042463

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