lunes junio 21 de 2021

La Constituyente del 91 UNO Y DOS

13 julio, 2016 Política

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 Por Augusto León Restrepo

 UNO

 Flaca es la memoria. Durante cuatro, de cinco meses, estuve atento a lo que sucedía en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, situado en el corazón de Bogotá, donde se reunieron 74 colombianos elegidos para hacer parte de la Asamblea Nacional Constituyente que en Julio de 1.991 promulgó la Constitución que, con sus ya numerosas reformas, rige la vida ciudadana dentro del Estado llamado Colombia. Y flaca es la memoria. Es más, lo que se me ha olvidado que lo que recuerdo. Confieso mi culpa. Como periodista debí haber llevado una bitácora del día a día de lo que allí sucedió, de lo que se dijo y que para mí tenía especial relevancia, de la pequeña historia, de los micos y las diabluras y de todo aquello que tal acontecimiento histórico me ofrecía. Pero tal vez lo vertiginoso de lo sucedido, lo apabullante del ambiente o alguna otra razón obligante, me privó de recoger lo que hoy, a los veinticinco años del suceso histórico, serviría para entender un poco más la trascendencia de los hechos. Yo creo que estas consideraciones u otras conocidas se las pueden hacer la mayor parte de los Constituyentes, porque es más bien poca la bibliografía en la que se cuenten los pormenores de las discusiones reformatorias y derogatoria de la legendaria Constitución de 1886, que algunas mentalidades añoran y extrañan. Pero lo que yo en particular he lamentado es por ejemplo que el Constituyente del Partido Conservador, ex Magistrado y ex Ministro Hernando Yepes Arcila, no haya dejado escrito algo sobre su paso por tan alta dignidad, sentimiento que hago público. Yepes Arcila me concedió el impagable honor de haberme hecho parte de su oficina con el pomposo cargo de Asesor. Quienes lo conocen, saben de sus excepcionales condiciones de humanista y jurista. Por consiguiente, lejos de mí, pretender el ejercicio de una asesoría, que no requería a título alguno, cuando ya se perfilaba como una verdadera autoridad en asuntos constitucionales, como lo es ahora, reconocida y acatada. Pero que me permitió acercarme a su actuación en la Asamblea y a la de los delegatarios del Partido Conservador, Misael Pastrana Borrero, Augusto Ramírez Ocampo, Mariano Ospina Hernández y Carlos Rodado Noriega. A diario, en extenuantes jornadas, antes de la instalación del colegiado y durante sus deliberaciones, desde tempranas horas, nos íbamos a la vieja casona del Partido Conservador, en el denominado Park way de la capital del país, a elaborar y decantar el pensamiento constitucional de la colectividad. De allí salió un proyecto de Reforma, un cuerpo sólido de propuestas, después de inteligentes y sesudas argumentaciones, en las que la solidez de Yepes se hizo palpable y que provocaron el reconocimiento unívoco de sus pares, comenzando por el ex Presidente Pastrana, quien hasta el final de sus días lo distinguió con su estrecha amistad. Recuerdo también la admiración expresa de Bernardo Ramírez, ex Ministro pereirano, quien me comentó que solo estaba atento a las transmisiones televisivas de la Constituyente cuando Yepes intervenía, por cuanto, según su apreciación, textualmente, era el único que sabía dónde ponían los huevos las garzas. Recuerdo con admiración y reconocimiento, los nombres de los Asesores Marta Sáchica, hoy Secretaria de la Corte Constitucional, del Profesor Augusto Hernández, de Guillermo León Escobar, Embajador ante la Santa Sede y de Jaime Calderón Brugés, ex Registrador del Estado Civil, con quienes abrevamos gigantescos termos de café y centenares de textos de consulta que ilustraron nuestros acuerdos y disensiones. Y de lo que si me acuerdo con claridad es de nuestros emolumentos: los Asesores devengábamos cuatrocientos cincuenta mil pesos colombianos ( $ 450.000.00) y los Constituyentes setecientos cincuenta mil pesos ( $ 750.000.00) mensuales, suma que era igual a la que ganaban los Congresistas de la época.

DOS

Como egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Caldas, con sede en Manizales, me siento orgulloso de la pléyade de exitosos profesionales que se han educado en sus aulas. Humberto de la Calle Lombana es ya parte de la historia de nuestro país. Abogado de la de Caldas, es el protagonista de dos acontecimientos que han constituido un hito en nuestro agitado devenir. Fue Ministro de Gobierno del Presidente Gaviria en l.991, su vocero directo y defensor de las reformas propuestas que más bien que mal, han informado nuestra vida política en los últimos veinticinco años y ahora, capitán y piloto del proceso que terminará por acercarnos a la utópica paz que anhelamos todos los colombianos. La instalación de la Asamblea Nacional Constituyente fue en el Salón Boyacá del Capitolio Nacional y en el mismo sitio, su clausura. Las deliberaciones en el Centro de Convenciones. Y De la Calle, uno de sus persistentes animadores. Sus antecedentes, que no tenían nada que ver con su elección en cuerpos colegiados si no en cargos administrativos y jurisprudenciales y su primera intervención ante el cuerpo deliberativo y político, hizo surgir un cierto pesimismo sobre el éxito de las pretensiones del gobierno, prejuicio que le escuché en directo al ex Presidente Misael Pastrana Borrero. Sin embargo, el tesón de De la Calle, sus exposiciones claras, concisas, pertinentes, con derroche de sindéresis, que hacían ver lo abstruso, claro, en comisiones y plenarias, servían de purificadores en los encuentros verbales entre Constituyentes duchos en articulados e incisos y otros que jamás habían abordado temas jurídicos. Su trabajo didáctico y aséptico fue reconocido con la ovación que recibió de los integrantes de la Asamblea, quienes durante diez minutos aplaudieron la mención que hizo de su nombre el Presidente César Gaviria en el acto de promulgación de la Carta. Pero su biografía y su presencia en la Constituyente, me las ahorro por razones de espacio, si ustedes abordan la lectura del excelente libro- reportaje sobre De la Calle, de Editorial Planeta 1994, realizado por la Sicóloga y periodista Rosa ( Rosita) Jaramillo y la Abogada y periodista Beatriz Gómez, en el que, en su propia voz y estilo narra episodios que incluso hoy son desconocidos, como el del peligro de que todo se hubiera podido ir al traste por fallas en el incipiente sistema computarizado, que casi nos deja sin la Constitución del 91 y con plena vigencia de la de 1886. Hernando Yepes, también egresado de la Universidad de Caldas, debe recordar este episodio, porque fue miembro de la Comisión Codificadora, que padeció en carne propia lo que bien pudo ser una cómico tragedia de consecuencias incalculables. Otros egresados de la Facultad de Derecho y Constituyentes fueron Jaime Benítez Tobón, ya fallecido, de conciencia social desbordada, a quien se le debe esta frase de oro, inserta en nuestra Carta Magna: “Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás”. Y el ex Gobernador Carlos Fernando Giraldo Angel, quien luego hizo parte de la Comisión Especial o Congresito, transitorio hijo de la Constituyente. Mención especial merece mi paisano, de Anserma Caldas, y amigo, el Abogado Gustavo Orozco Londoño, q.e.p.d, Relator de la Asamblea, autor de la redacción e inclusión del capítulo relacionado con los Derechos colectivos y del ambiente, por inspíración de Misael Pastrana. Su hijo, de nombre Gustavo, como su padre, firmó el escrito original de la Constitución, en representación de los niños y los jóvenes de Colombia. Y colorín colorado……..

Post scriptum: De esa etapa me quedó sonando una frase que le leí o le escuché al Constituyente Alberto Zalamea, tomada de un hombre público florentino: “La política es el arte de colaborar en los propósitos de Dios, pero con la ayuda del diablo”.

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