domingo junio 20 de 2021

De la Calle a Palacio II

01 junio, 2017 Opinión, Política

Por Augusto León Restrepo 

Por lealtad con los pocos o muchos de los lectores de la columna que suscribo, debo contarles las reacciones políticas y personales que suscitó la que titulé De la Calle a Palacio editada en este diario virtual, publicada en el diario La Patria de Manizales y reproducida en algunos otros medios escritos y digitales. Como manifesté que yo estaré en la militancia de quienes consideran que para suerte y el bien de Colombia es indispensable cumplir los Acuerdos de La Habana suscritos entre el Estado y parte de la subversión, las Farc, que terminó un conflicto armado de mas de cincuenta años de existencia y que ninguno mejor que Humberto de la Calle Lombana aparece en el espectro de la política colombiana para que lleve a cabo la tarea, algunas personas me hicieron conocer sus opiniones. Obvio que por razones de espacio es imposible transcribirlas. Pero haré el esfuerzo de sintetizarlas para dar pie a la conclusión que quiero llegar.

En un alto porcientaje, el nombre de De la Calle despertó adhesiones y conceptos favorables a su postulación para que asuma este otro encargo. Pero desde luego, también provocó reservas y objeciones; desde la de que no debía perder su bien ganado sitial de hombre probo y patriota para salir a encarar rencillas partidistas o ideológicas, hasta la de que  es un espabilado e iluso que entregó el país a los castrochavistas  y que lo que se espera es que haga mutis por el foro. Y como estamos en semejante crispación mediática, aprovecharon sus malquerientes para enrostrarle toda clase de desaguisados que aumentarán de tono, sí, como parece ser, se concreta su justa y conveniente postulación para la Presidencia de la República. Falsedades y malentendidos comenzaron a aflorar, que si algunos valen la pena controvertir, es seguro que De la Calle así lo hará. Pero, a mi juicio, es mas el ruido que la verdad verdadera, como ya es usual en todas las vertientes de la deplorable mecánica política colombiana.

A mí en particular me tiene sin cuidado la polémica, la discrepancia, el enfrentamiento, mientras no se desborde la irracionalidad ni las calumnias y las injurias reemplacen la argumentación. De alguna manera en esas estamos hace largos años. Pero hay que decirlo: cada vez es mas difícil plantear las tesis y las antítesis. En especial en  las redes sociales, que parecen alcantarillas y albañales donde se depositan las heces anónimas de escribidores que se escudan en su anonimato para darle salida a sus bilis y a sus demonios interiores. Otro clima es el que se vive en los medios radiales, televisivos y escritos, en los blogs y en los tuiters (¿o tuiteres?), en los formatos innovadores en que se expresan,  con sarcasmo e inteligente humor, quienes buscan expresiones no  tradicionales de opinión. Son frenteros criterios, respetabilísimos, porque incitan a esforzarse en argüir con sólidas bases para contradecir.

Retomo. Lo que quería expresar desde el principio es que los lectores encontrarán en esta columna una opinión favorable a que el proceso de cierre del conflicto armado con las Farc como cuota inicial de la paz, se implemente, salga adelante. No a ultranza, aun cuando pudiera ser, ya que  considero que si están en juego vidas humanas, sí se pueden evitar víctimas inútiles, no se puede ser cicatero en los postulados. Y que si los postulados los encarna De la Calle, los lectores van a encontrar eco a sus propuestas en mis escritos. No puede ser de otra manera. Tengo que ser honrado con los lectores. Hay columnistas,muy respetables desde luego, que esconden sus preferencias, las camuflan,  en aras de una presunta objetividad y se niegan a reconocer sus simpatías por uno u otro de los actores políticos. Es común verlo en los grandes periódicos como El Tiempo. Allí hay una columnista, por ejemplo, a quien se le sale el vargasllerismo por los poros. Pero no se atreve a pronunciar su nombre. Muy respetable, repito. Pero yo insisto: el lector tiene que conocer que quienes nos comprometemos con una causa , con un nombre, vamos a reflejarlo en nuestra opinión. Tienen el derecho a saberlo. El sesgo es ineludible. Pero esto no quiere decir que la abyección, el ciego acatamiento sea el imperativo. Habrá que disentir de lo que el líder señale, cuando haya lugar. Y no ser simple caja de resonancia. Ni  monotemáticos, con la mirada puesta y fija en un solo punto. Creo que esto era lo que quería decir.

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