martes marzo 19 de 2019

Los transgresores

 Por Esteban Jaramillo Osorio.

Quinterito, que placer…

Toques de distinción. Juego discontinuo pero influyente. Con habilidad propia de los creativos Colombianos. Calidad diferencial, talento, toque sutil. Aburre cuando camina la cancha o se desentiende del juego. Rey donde donde le rinden culto a la gambeta por su arte. Donde legitiman a sus ídolos. Con su pase entre líneas, sus asistencias, sus goles prodigiosos o sus misiles dirigidos, Quintero es Crack en la tierra de “los dioses”, Maradona y Messi…Es diferente.

Teo…

Vive en el Junior sus mejores momentos porque para él, el fútbol no es monotonía. Siempre, diferente, se sale del molde en la cancha y fuera de ella. Es especial. Sus habilidades las perfuma, para convertirse en ídolo histórico de su equipo. No es delantero calculador y definidor como aquellos goleadores de raza que están en la cumbre de la tabla. Es jugador, adaptado a todas las zonas del campo, empeñado en entrar y salir del àrea, donde juega con total adaptación y comodidad. Es rebelde, seguro, pero nunca mediocre. Típico costeño. Pieza clave de un colectivo, Junior, que Colombia admira y respeta. Campeón reinante que marca diferencias con sus rivales y asusta por su poder.

El palomo, vida, pasión, tormentos.

Tres lustros sin el Palomo Uzuriaga. Juego y fiesta. Aquellas zancadas invencibles, sus gambetas sin control, sus partidos delirantes. Su vida transgresora. Su fútbol impulso el retorno de Colombia a los mundiales tras 28 años de ausencia. Reconocido, aplaudido o rechazado. Nunca uno igual porque con sus imponentes 1-90 era el dueño de los extremos de ataque de su equipo. Amante de excesos y de noches, El Palomo eterno, no pudo dirigir su carrera, errante de un club a otro, destinado a ser figura mundial, equivocado en la elección de sus amigos, pero siempre admirado y figura. ! ¡Como olvidarlo!

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