jueves abril 18 de 2019

Caída libre

Por Esteban Jaramillo Osorio

Baste mirar la tabla y los resultados para sacar conclusiones. Las caras largas después del domingo lo dicen todo. Pero lo peor es la perdida identidad en el juego. En agosto del año pasado el Once  era el club que mejor actuaba, rendía e impresionaba. Confrontaba con los aspirantes al título y los dominaba. Hoy es uno de los peores, sin excusas y sin exageraciones. Choca y pierde con los que pelean el descenso.

Pasto, con algunos futbolistas desahuciados en otros clubes, dominó trámite y resultado, con mayor habilidad  estratégica de sus entrenadores, Alexis Garcia y Carlos Valencia.

Desde enero se pronosticaba la realidad presente. Fue mal armada la nomina con errores en la elección de refuerzos y  carencia de  válidas alternativas. Dice el director técnico que aún no encuentra el once tipo después de 10 fechas. Que el año pasado lo halló en el primer partido. Imposible lograrlo con tanto bandazo y tan inciertas decisiones.  La confianza es hija de la regularidad. Se juega, se estabiliza la nómina, se  ganan automatismos, se logran sociedades, hay alegría y buenos números. Pero, cuando las dudas nacen en la cabeza de quien dirige, cuando es vacío el discurso, se desvanece la confianza, el grupo no se compacta, las miradas son de reojo y llegan los desbordes emocionales como aquellos de los últimos minutos ante Pasto, cuando los nervios dominaron.Se vio tan débil el cacareado apoyo a la gestión del entrenador en rueda de prensa poco espontánea, por la ausencia de respuestas en el campo de juego.

Imposible saber que hay en la cabeza de Bodhert. Su futbol, el de hoy, es lento, predecible, tan permisivo por ausencia de filtros de marca, que se neutraliza sin esfuerzos. Hay material para una mejor gestión, pero no hay equipo, así de simple. Lo conseguido, para evitar el descenso, se puede malograr  para la campaña del año próximo ciclo, de persistir la rutina de la derrota.–

Esteban Jaramillo Osorio

Twitter: @estejaramillo

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