sábado julio 20 de 2019

Bodhert sí, pero…

Por Esteban Jaramillo Osorio

Bogotá, 07 de mayo_ RAM_ Mal se vieron las cosas en el Once Caldas desde la pretemporada, porque el equipo tenía deficiencias en su conformación. La prematura eliminación ante Santaní, fue un anuncio ignorado. El técnico fue incapaz de gestionar fatigas en sus jugadores, fueron caprichosas sus rotaciones las que no aportaron resultados, poco repitió una alineación, escasearon las soluciones tácticas y fue evidente la exposición defensiva, por tendencias obsesivas en el comienzo de las jugadas, como ocurrió ante Huila.

El Once no tuvo filtros de marca, sin desconocer la influencia de Rodríguez Rico y la acelerada madurez de Guzmán, situación que tantas veces corrigieron Correa, de sobresaliente semestre, y el portero Ortiz, de buenas formas, pero en ocasiones clave, equivocado. “Los blancos” mostraron buena conducta con el balón, pero como es común en este proceso, sufrieron sin él.

Desenfrenados los delanteros, ambiciosos, pero sin acierto en la portería, malograron variadas y repetidas situaciones de gol.

El Once siempre repitió libreto. Fueron pocas las variantes, con una autodestructiva tendencia en la que prevalecían en la titular algunos protegidos de bajo rendimiento. Tantas veces el entrenador hizo caso omiso a sugerencias que llegaron desde los directivos, con el fin de animar el rumbo y el proyecto. En este caso, hubo tolerancia de quienes tienen el mando.

Existe la certeza de que la eliminación no se cocinó en Santa Marta. Fue, simplemente, una nerviosa salida en falso con la esperanza de un milagro, que nunca llegó, como aquel que clasificó el equipo hace un año, con una sorprendente combinación de resultados.

El paso a finales se malogró por irregularidad, por los puntos cedidos en casa, por el debilitamiento del juego asociado y por los despojos arbitrales.

Bodhert llegó a Manizales a dirigir y sobre todo a aprender. Pero no fue, en su segunda etapa, un alumno aplicado. Perdió su modestia, la que intentó recuperar al final, pero sin convencer ni convencerse. La empatía con el pueblo no sustituye los buenos resultados.

No pido su cabeza (quien soy para hacerlo). Creo en él porque perdura en mí el recuerdo del hombre inquieto, alegre, sin solemnidad, que ríe con ruido y piensa en ser grande. Será el impulso al equipo si tiene humildad en la autocrítica y corrige los errores cometidos. No se contrata por gustos, por miradas ocasionales de rendimiento, ni por influencia de empresarios cuando prevalecen intereses personales. Una caída es un impulso. Es una oportunidad. —

Esteban Jaramillo Osorio

Twitter: @estejaramillo

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