jueves septiembre 17 de 2020

Bogotá y su periferia, los receptores de los desplazados y los migrantes

09 septiembre, 2020 Bogotá, Generales Agencia Anadolu

Agencia ANADOLU

Fotos Juancho Torres

Bogotá, 09 de septiembre_ RAM_ El La violencia que se vive en algunas regiones colombianas, sumada a la llegada de migrantes venezolanos, hacen de la capital el destino para miles de personas en busca de oportunidades que terminan encontrando pobreza y estigmatización.

Bogotá y su periferia son el destino de gran parte de la población que se encuentra actualmente en condiciones de desplazamiento por cuenta de la violencia que aún se vive en parte del territorio colombiano. A este desplazamiento interno se le suma el fenómeno de la migración venezolana de los últimos años.

Cada vez son más las personas que migran de sus lugares de origen para poner a salvo sus vidas y las de sus familias, y que ven en la capital colombiana una alternativa para escapar de las amenazas y también para forjarse un nuevo porvenir.

Diferentes análisis y estudios coinciden en la gravedad del problema del desplazamiento y en las innegables dimensiones de la migración proveniente de Venezuela. Este martes, el director general de Migración Colombia, Juan Francisco Espinosa, indicó que “la cifra de venezolanos en Colombia, con corte al 30 de junio, es de 1.748.716 personas”.

La oficina de Migración Colombia detalló en un informe publicado recientemente que la población venezolana en Colombia pasó de 31.471 personas en 2015 a 1.771.237 en 2019.

Por otro lado, en cuanto al desplazamiento interno, según Acnur, en junio de este año en Colombia el desplazamiento forzado interno continuó afectando poblaciones campesinas, afrodescendientes e indígenas, con especial fuerza en algunas regiones. Desde la firma del Acuerdo de Paz en diciembre de 2016, se han registrado más de 400 mil nuevos desplazados internos.

El Estado y sus instituciones han tenido muchas dificultades para asumir el problema del desplazamiento; muchas de ellas todavía lo invisibilizan. Y es que no es fácil recibir a desplazados o migrantes en una ciudad cuyas cifras de pobreza son peores de lo que se creía. Los nuevos indicadores revelados por el DANE dibujan un sombrío panorama para la capital colombiana: el índice de pobreza multidimensional (IPM) de la ciudad pasó de 4,1 a 7,1%, es decir, tiene 233.000 pobres adicionales, según la más reciente encuesta de calidad de vida.

Por su parte, la CEPAL ha entregado cifras sobre los efectos de la pandemia de COVID-19. En esta cuarentena, la pobreza en la capital aumentó un 35%. La pobreza monetaria pasó de un 11,6% en el 2019 a un 15,7% en el 2020. Al iniciar este año, 880 mil bogotanos eran pobres. Hoy existen 335 mil pobres más.

Los asentamientos

Ciudad Bolivr-Bogotá

Los asentamientos de la población desplazada no son estables; tienen una tendencia dinámica que se produce por un fenómeno que se denomina desplazamiento intraurbano, debido, en la mayoría de los casos, a la incapacidad de pago de deudas contraídas, especialmente del arrendamiento, o por situaciones de rechazo o abuso por parte del receptor o arrendador.

El abuso se presenta cuando se aprovecha la ignorancia del desplazado sobre trámites y procesos, lo que lo hace presa fácil de estafadores, mientras que el rechazo se produce por parte de algunas comunidades receptoras, bien sea por segregación racial o cultural, o por estigmatización frente a las condiciones asociadas al desplazamiento. Algunos creen que el desplazado trae a cuestas el conflicto armado y la violencia, o lo asocian con la pobreza y conductas delictivas.

En zonas donde se logran identificar asentamientos netamente de población desplazada se han presentado episodios de persecución y amenazas. En estos sectores pueden convivir diferentes actores del conflicto. Víctimas y victimarios que huyeron juntos de la guerra, sin buscarlo, se vuelven a encontrar. Así sucede en la parte alta de Ciudad Bolívar.

En cambio, en zonas de Usme lo que se presenta es la estigmatización de las personas desplazadas que se establecen en esta zona construyendo improvisados, o “cambuches”, y apropiándose de terrenos en los que no hay acceso a servicios básicos como luz y agua. Los más afectados terminan siendo la población infantil y la tercera edad.

Las ayudas a esta población generalmente son insuficientes para proveer subsidio a todas las familias, que carecen de nutrición, acceso a la educación o al trabajo.

La niñez en medio del desplazamiento

Los registros sobre desplazamiento forzado muestran que en más de la mitad de los casos los niños, niñas y adolescentes deben salir de sus lugares de origen por amenazas directas a su vida e integridad.

En una proporción menor, pero no menos importante, cuando se presenta el desplazamiento suele haber también un despojo de tierras. En la mayoría de casos el desplazamiento forzado de niñas, niños y adolescentes está vinculado con otros hechos victimizantes.

De acuerdo con investigaciones del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, los niños, niñas y adolescentes desplazados tienen un nivel más bajo de escolaridad frente a los demás niños víctimas de conflicto armado en el país, perciben tener menos salud y tienen índices de masa corporal más bajos. Esto último puede estar relacionado con las dificultades nutricionales a las que se pueden ver enfrentados. Asimismo, para los niños desplazados el riesgo de enfermarse es más alto, al tiempo que también es más alta la probabilidad de no contar con una asistencia médica adecuada.

Con respecto a la educación, en estas localidades se presenta una situación especialmente conflictiva, pues surge una especie de competencia entre los pobres históricos y la población desplazada por acceder a los cupos escolares. Aunque legalmente la población desplazada tiene prelación en la asignación de estos cupos, normalmente no puede costear la alimentación ni el transporte que implica que un menor vaya a una escuela. De ahí, los altos índices de deserción escolar o el rechazo de los cupos asignados.

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