domingo diciembre 5 de 2021

Ahora sí, de nuevo el liberalismo

21 agosto, 2021 Opinión, Política Andrés Hoyos

Andrés Hoyos

Bogotá, 21 de Agosto _ RAM_ En vida de Luis Carlos Galán no me afilié al Nuevo Liberalismo (NL), pese a la presión de algunos amigos, que en una ocasión empapelaron mi apartamento con pegatinas del famoso afiche de Carlos Duque. Yo entonces escoraba más a la izquierda del espectro y no accedí a la presión. El magnicidio claro que me dolió, pero ya en ese momento no era asunto de afiliaciones de ningún tipo.

Mi familia, por ambos lados, siempre fue afín al Partido Liberal, si bien a mí me tocó la destorcida y posterior debacle de la célebre agrupación: Galán y Lara asesinados, López y Turbay enlodados, Samper comprado por el Cartel de Cali, Santofimio, el candidato presidencial de Pablo Escobar, opcionado y así. No se nos olvide que los enemigos de Galán se iban apoderando del Partido Liberal después de su asesinato, aunque yo no llegaría hasta afirmar que fueron hegemónicos allí. Hoy queda algo así como el espectro o el fantasma insepulto del partido que alguna vez fue el de López Pumarejo.

Han pasado 32 años desde el atentado en la plaza de Soacha y supongo que no habrá que decir que en este lapso las ideas cambiaron mucho y deben actualizarse. Lo mismo con la organización, que debe adquirir todas las instancias de un partido político moderno: asamblea, elección de dirección, programa, normas de militancia, instancias decisorias y demás. Ojalá los hermanos Galán y sus allegados acierten en el necesario proceso de expansión.

El renacimiento del NL es un hecho político muy importante y algunos partidos y colectividades van a sufrir con él. Demos un corto paseo por la lista. El Partido Liberal oficial sin duda perderá miembros valiosos, cansados del clientelismo, los bandazos y la politiquería, para no hablar de los delitos que desde hace años rondan a esa casa. El Partido Alianza Verde también podría ver una migración importante hacia los toldos del NL, dada su fractura interna entre gente de centro y centroizquierda y la inocultable ala petrista, división que entre otras cosas les ha impedido tomar decisiones claves en tiempos recientes. Hasta se me ocurre una perspectiva: que la fracción de centro que salga de la escisión de los verdes, planteada entre otras por Angélica Lozano, con el tiempo y dependiendo de lo que haga el NL, se plantee un posterior ingreso en masa. Algo análogo pasará con Cambio Radical.

Es razonable pensar que, si acierta en la estrategia, el NL tenga una poderosa bancada parlamentaria en 2022 y el candidato de centro, que debe ser seleccionado en una consulta en las elecciones del 12 de marzo, les sea lo más afín posible, pertenezca o no oficialmente al partido. Muy atractiva, entre otras, se ve la opción de Alejandro Gaviria como precandidato de centro. Ojalá predominen en todo ello las sensateces. El propio Sergio Fajardo también podría acercarse y, ¿por qué no?, incluso terminar afiliado en el NL. A la pregunta de Echandía, ¿el poder para qué?, habría que contestar que el poder es para poder, para hacer cosas.

No nos engañemos. Desde hace un par de décadas todas las elecciones presidenciales por las que ha pasado Colombia han sido cruciales. Muchas cosas salieron mal, aunque habrían podido salir peor. Dicho esto, en 2022 vuelve a estar en juego el destino del país. La derecha verá terminada su época de predominio con resultados entre malos y mediocres. El cambio será inevitable, sí, pero ¿qué clase de cambio? Esa pendejadita es la que nos tocará decidir el año entrante.

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