viernes mayo 24 de 2024

Rafael Gálvez, expresidente del CPB

14 marzo, 2023 Periodismo René Pérez CPB

Rafael Gálvez Lozano

Por René Pérez

CPB

Bogotá, 14 marzo 2023_RAM_Rafael Gálvez Lozano, quien fuera vicepresidente y presidente del Círculo de Periodistas de Bogotá a comienzos de la década de los 90, falleció el sábado pasado en una clínica de Ibagué, donde estaba internado por una afección en la garganta.

Cumpliendo deseos suyos, sus cenizas serán inhumadas en la misma raíz de su querido Caracolí, un enorme árbol de unos 30 metros de altura, grueso de tallo, de frondosidad verde intenso, que sembraron sus bisabuelos hace unos 200 en la finca Yaraví del Guamo. Esta ceremonia será realizada este sábado en horas de la mañana.

Tal exigencia retrata la personalidad de Rafael Gálvez: se entregaba a sus propósitos dándolo todo, hasta, literalmente, los huesos. Esta pasión por hacer las cosas ya, pero no apresuradas, y en el sitio y momento precisos fueron el norte de sus actividades como periodista y profesor universitario.

Se inició en el diario La República, a donde llegó con el cartón de periodista puro, sin mezcolanza con la Comunicación Social. Eran aquellos finales de los años sesenta cuando empezaban a crearse facultades de periodismo con un pensum que no requería más de tres años porque iba directo al alma, a la esencia de esta actividad: revelar en su verdad hechos de impacto social. Rafael Gálvez lo entendió así desde el bachillerato, cuando devoraba cualquier periódico que caía en sus manos para escudriñarle todo el contenido y poder asegurar al final de la lectura ¨esto está incompleto¨, ¨a esto le falta mucho para ser noticia´.

Y esta fue la savia sabia conque nutrió sus informes en el diario El Tiempo. Por eso no necesitó teorizar o hablar carreta sobre lo que llaman periodismo investigativo. Ni exprimirse los sesos auscultando metodologías investigativas. Iba a lo que iba. Todo en periodismo es investigación, era su estandarte.

Así las cosas, equis día sacudió al país, incluyendo funcionarios de gobierno, con un informe sobre Medicina Legal. Era espantoso lo que revelaba: las autopsias las hacían con un pedazo de machete, para separar huesos usaban un martillo de herrería y, desde luego, evidenció una cadena de malos manejos financieros. Nadie lo rectificó.

Otro día se enteró que una mujer joven se había envenado y envenenado a sus dos pequeños hijos sobre la tumba de su esposo. Esto sucedió 15 minutos después de sepultarlo. Rafael Gálvez asumió el cubrimiento de la tragedia. Se fue al camposanto, donde la policía le mostró una carta que la joven había escrito. Palabras más palabras menos, decía que tomaba esa terrible decisión porque su cónyuge robaba ´´solo para ella y sus hijos´´ y por eso no ´´merecía que lo hubieran matado así.

No había más datos. Ni siquiera lápida. Eran unos NN. Pero Gálvez vio que la mujer tenía anillo de matrimonio y le sugirió a los policías que se lo retiraran porque allí debería estar el nombre del esposo. Sí, allí estaba. Se fue al archivo del periódico y buscó y rebuscó hasta que encontró perdida entre las páginas la noticia sospechada. Señalaba que dos días antes, unos policías habían dado muerte a un delincuente que se les enfrentó. Este cuento no se lo comió el periodista Gálvez y con laboriosidad de abeja encontró dos verdades: el hombre llevaba pocas horas de haber salido de la cárcel y tenía un par de disparos en la espalda. Elaboró la noticia tal como la investigó y sin saber que estaba sacando a flote algo que hoy se llama ¨¨falso positivo¨¨.

Pero como para alguien con dura madera para retos no hay serrucho que valga, y aunque ya andaba por la loma del éxito periodístico, no resistió la tentación de ir a poner orden en la Colombia de los confines, esa que por aquellas fechas pocos conocían: Se fue de secretario de gobierno de las que eran las intendencias de Guaviare y Arauca. En la primera, desmanteló una banda que citaba a compradores de cocaína y los asesinaba para robarles el dinero. Llevaban una veintena de muertes. En la segunda, puso freno a los contrabandistas de madera hacia Venezuela.

Finalizó este ciclo en su desmesurado agite laboral y se entregó a la docencia, como profesor de periodismo en las universidades Externado y Javeriana. Además, se graduó en mercadeo y también dictó esta cátedra unas las mismas instituciones.

Como presidente del CPB le tocó igualmente capotear peligros de muerte. Era la época en que el paramilitarismo empezaba a hacerse sentir anegando de sangre a Colombia y amenazando y asesinando a quien se les opusiera. Rafael Gálvez, osado como fue siempre, agarraba los panfletos con que intimidaban al CPB, los destripaba y los arrojaba al tarro de la basura. Pero aun así no dejaba para más tarde sus funciones de presidente de la organización gremial. Dictaba conferencias y organizaba foros y seminarios, desde luego, con sus compañeros de Junta Directiva. Porque otro de los pilares de su personalidad era la fraternidad y la abierta recepción a cualquier sugerencia o crítica. Además, no se cansaba nunca y por eso tuvo tiempo para dotar el club que tenía en concesión el CPB en Melgar de televisores, neveras, ventiladores, utensilios de cocina, camas, etcétera. Y sin costo alguno.

Aparte de lo anterior, fue villano. Pero en el cine. Realizó y dirigió tres películas donde, para ahorrar presupuesto, hizo de villano. Y como para cumplir con un final rosa, aunque resulte paradójico y un contrasentido, lo mata. Así lo decidió el inconmovible guion que él mismo escribió.

En estos últimos años decidió irse al campo, a trabajar en su finca Yaravi. E igual que siempre: le robó segundos, minutos, horas a sus faenas rurales para dedicárselos al trabajo cultural con entidades oficiales de Guamo e Ibagué. Siempre desde la perspectiva periodística. Y ahora mismo, cuando ya empezaba a darle forma a un proyecto para crear un corredor cultural que comenzara en Fusa, siguiera por Melgar, Ricaurte, Guamo y finalizara en Ibagué y cuyo soporte serían medios como emisora, televisión y periódico virtual, se le apareció la visita indeseada.

Sin duda, Rafael Gálvez fue un personaje. Pero en su destilación más pura: ese que lo da todo, como ser humano y como profesional.

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